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Para construir presente hay que perdonar pasado. Se nos olvida muchas veces que antes de adultos fuimos niños, fuimos bebes, y vinimos de unos padres que ahora son abuelos. Y ahora nos encontramos criando a nuestros hijos, intentando unos no parecernos a ellos, o sí pero mejorando la educación pues tenemos más información. U otros padres repiten parámetros nada recomendables de lo vivido cuando eran pequeños. Y es que hay que saber perdonar a los padres. A veces hay adultos que vivieron situaciones indeseosas: madres despreocupadas, violentas, maltratadoras, extremadamente exigentes, demasiado social, no amorosas, alcohólicas, egoístas, envidiosas con sus propios hijos. Y también, puede haber padres así. Pero el vínculo de la madre es tan fuerte, algo inexplicable. Que si no tuviste el amor o el apoyo de una madre puede que lo estés buscando hasta tu muerte. Como le pasó por ejemplo a la soprano griega María Callas.

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Es fácil escribirlo, no tan fácil llevarlo a la práctica pero hay que hacerlo por el presente. Por curar esas heridas y poder construir tu autoestima con cierto cariño sobre ti misma, mismo. Quizás tus padres, tu madre no tuvo las herramientas suficientes o la mente lo suficientemente clara para poder reconducir su vida y poder darte el amor, o la dedicación que necesitabas en ese momento. Desde luego que no existe la perfección y menos cuando una madre o un padre con la mente sana quiere hacerlo todo bien. No. También los hijos necesitan saber que sus padres no son perfectos, porque ellos tampoco lo serán. Pero sin desviarnos del tema, hay que perdonar a aquella madre que no estuvo a la altura de tus necesidades. Las familias no son «... y vivieron felices y comieron perdices...» detrás de las puertas de un hogar hay diferentes formas de sentir. Por eso, si tú que eres madre no sentiste el amor de tu madre, perdónala para quererte a ti, para amarte a ti y poder empezar a escribir de nuevo tu vida. Porque te lo mereces. El sufrimiento, los tormentos cortan y cercenan las alas para volar. Por eso incido desde esta columna a los adultos, a los que tienen la oportunidad de ser madres y padres, o ejercer de madres o padres es lo mejor que te puede pasar. Es una cura con tu pasado, o una puesta en escena fabulosa de desaprender, de descubrimiento, de aprendizaje, de afianzar herencia de amor positivo de tus vivencias. Y hacer de la infancia de nuestros hijos una base bonita, para que ellos repitan a sus hijos. Todos construimos sociedad. Eso quiere decir que hay mucho más amor que desamor. Que hay muchas más personas buenas que no tan buenas. Y si has tenido la desdicha de tener unos padres que no te dieron amor, apoyo, guía,... tienes una oportunidad de crecerte ante la adversidad con humildad siempre, y perdonar. Y dar a tus descendientes la estabilidad que no te dieron a ti.