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Ciutadella de Menorca se ha apagado. Esta bella ciudad con sus habitantes se han quedado sin electricidad y lo que conlleva. Sin alumbrado, ni agua caliente, no se cocina, y se pierden los alimentos de nevera o congelador, sin teléfonos ni ordenador. Pérdidas económicas. Solo ciertos afortunados cuentan con un generador y pueden trabajar. Antes de que el serbio Nikola Tesla inventara la electricidad -aunque la historia se lo ha mal atribuido a Edison o Marconi- había vida. Se hacía vida. ¿Por qué asustarnos ahora que no tenemos luz?. Porque seguimos viviendo en el bienestar social. Sí, es incómodo estar sin electricidad cuando todo lo hemos basado en este servicio. Todo está conectado a la red. Tener electricidad ha hecho que vivamos más la noche, que trabajemos más, y que disfrutemos más de nuestro tiempo libre con maquinas como las lavadoras, lavavajillas,... pero no me extenderé en este reto, y gran pregunta, ¿qué otras alternativas tenemos los humanos si no existiera la electricidad?

Pero a mí, de este incidente, lo que me importa son las relaciones humanas. La familia. En una encrucijada como esta los que tiene familiares en la otra punta de la Isla que no ha sido afectada se han tenido que ver trasladados, y apartados de sus hogares para convivir con la otra familia política o más cercana. Y todos y cada uno de los miembros adultos se comporta educado guardando las formas. Y sabiendo en su mayoría que en la casa en la que están hay unas normas, y un pulso de vida que hay que adaptarse. Respetarse. Y la oportunidad de conocerse. En cambio si hay niños todo es más fácil. Ellos son la excusa, y la alegría de estos percances luminiscentes. Se lo pasan pipa el tener una persona invitada a dormir en su casa. No miran con ojos de adulto, y menos con ojos de suegra/o, ni nuera, ni cuñado, ni tío/a. Lo ven con amor, sin complicaciones raras de humanos mayores. En esos momentos ellos, los más pequeños de la casa nos están dando una lección de la que aprender. Los adultos sabemos que es cosas de días. Pero antes las familias vivían juntas. Y a veces familias enteras convivían unos con otros hasta su muerte. Te cayeras bien o mal. La electricidad es uno de los avances que nos ha permitido vivir en ese bienestar mencionado, y las familias con la luz eléctrica se han separado viviendo cada una en su casa.

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La convivencia no es fácil en el mundo de adultos. No lo es ni cuando ya te has independizado y, por equis motivos tienes que volver a casa de los padres, o por ciertas fechas navideñas convivir con tu propia familia, ya no digo la política. Así que, estos momentos de velas y pilas, son una oportunidad para practicar el respeto de la convivencia.

@sernariadna