TW

Parece mentira, pero incluso la noche envejece cuando llega Nochevieja. De repente damos un salto tremendo en el vacío del tiempo y pasamos de un año a otro en cuestión de segundos. Claro que si estamos borrachos o nos hemos acostado temprano ni siquiera lo notamos. Es como morir estando dormido y sin dolor, pasar de lo mundano y vulgar a lo eterno y desconocido. O caer en un enorme pozo de silencio. Para evitarlo en España tomamos las doce uvas de la suerte, una para cada campanada del reloj, una para cada mes del año.

Noticias relacionadas

Lo malo es que el reloj de la Puerta del Sol de Madrid despista mucho, y más de uno ya se ha tomado las uvas antes de que suenen las verdaderas campanadas. A lo mejor todo esto no son más que supercherías, y no deberíamos coartar nuestro futuro con creencias de tan poco fundamento. Pero en todas partes cuecen habas, quiero decir que todos los países del mundo tienen sus tradiciones más o menos fundamentadas en la superstición. En Italia la tradición manda cenar un plato de lentejas; cuantas más lentejas se coman, mayor será la riqueza que nos deparará el futuro (o mayor la indigestión, a esas horas de la noche) Los que lo tendrían más crudo, si tuvieran que tomarse las uvas, serían los japoneses, pues los templos del Japón hacen sonar sus campanas ciento ocho veces para saludar el nuevo año. La tradición budista asegura que así se purifican los ciento ocho deseos mundanos que causan el sufrimiento.

Los habitantes de los Estados Unidos son más prácticos y como hemos visto en infinidad de películas la gente se besa para atraer el amor hacia el nuevo año. En Londres echan a correr para ver quién llega primero a la casa de los amigos y se convierte en portador de la buena suerte, que se acompaña de regalos y buena comida: prosperidad para el año recién nacido. Pero es que los hay que llenan de dinero zapatos y bolsillos, o beben una copa de champán con partículas de oro para asegurarse la fortuna y la abundancia. También los hay que visten ropa interior de color rojo para atraer el amor, de color amarillo para el dinero o de color verde para la salud. En Rusia se acostumbra escribir los deseos para el nuevo año, quemar el papel y arrojar las cenizas en una copa de champán; los más afortunados serán los que se beban ese raro potingue. En Dinamarca se rompe contra las puertas la vajilla con que se ha cenado en Nochevieja: cuantos más platos se rompan, más amigos y más favores. En fin, celébrelo usted como quiera: feliz año nuevo.