No hace mucho Madonna, a quien también llaman «la reina del pop» canceló su concierto en Lisboa. Dijo que tenía que escuchar a su cuerpo -que ya tiene 61 años- y descansar. Tengo que confesar que nunca he sido fan de Madonna, tal vez porque nunca me ha gustado vivir en el mundo material ni ser una chica material, como afirma una de sus más conocidas canciones, titulada precisamente Material girl. Pero también tengo que confesar que me encantó su actuación en la película del musical Evita y su interpretación de la famosa canción Don’t cry for me Argentina. Pero parece que miles de fans se preguntan qué le pasa a Madonna. Dicen que cojea visiblemente y que en algunos shows ha echado mano de música pregrabada. También dicen que alguna vez reconoció tener dolores fuertes en la rodilla y que no es consciente de las limitaciones que conlleva su condición de sexagenaria. Para esto, yo recurro como siempre al refranero, que es un compendio de sabiduría popular, y dice: «No hay forastero que venga de mala gente, ni viejo que no haya sido valiente» (Sin comentarios).

Lo que pasa es que todos envejecemos, incluso los más valientes, y el cuerpo tiene todavía fecha de caducidad. La esperanza de vida se ha dilatado mucho en los últimos tiempos, gracias a las medicinas y la calidad de vida, pero aun los más fuertes siguen teniendo fecha de caducidad y un día los veremos caer por un quítame allá esas pajas. El próximo 18 de junio Paul McCartney, que ya debe de estar harto de que le llamen ex Beatle, cumplirá 78 años de edad, y el día anterior habrá dado un concierto en el estadio olímpico de Montjuïc, Lluís Companys, de Barcelona. El concierto a que me refiero forma parte de una gira por nueve ciudades europeas en la que piensa ofrecer sus mejores canciones y un espectáculo de vanguardia virtual. No sé si es «demasiado pal cuerpo» a su edad, lo que sí sé es que Picasso murió pintando, como quien dice, y él seguramente morirá cantando.

Prácticamente eso fe lo que hizo Leonard Cohen en 2016, a los 82 años de edad, morir cantando. Presentó su último disco, You want it darker, en Los Ángeles el 13 de octubre, hizo reír al personal, profundizó en los ánimos del público con sus palabras escogidas y su voz cavernosa -más cavernosa que nunca-, dijo que el hecho de dar el Nobel a Bob Dylan era como poner una medalla al Everest, pidió agua, visiblemente cansado y falleció al cabo de tres semanas. Lo dicho, incluso los valientes tienen fecha de caducidad.