Señor presidente, en su obsesión por el confinamiento ha pactado con el partido de los terroristas, los mismos que persiguen a su líder socialista en Euskadi. Es inmoral, no sirve ese planteamiento demagógico y maniqueo que opone «salvar vidas» a «salvar la economía» con el que justifica su disposición a pactar con el diablo para aprobar sus fines.
No hay contradicción entre salvar vidas y salvar la economía porque la economía salva vidas y la pobreza arrastra enfermedades, explica Fernando del Pino en ‘Expansión’. «Cuando analicemos todos los datos, el daño producido por los confinamientos excederá enormemente cualquier beneficio», ha dicho Michael Levitt, Premio Nobel de Química. En la misma línea, el Programa de Alimentos de la ONU advierte: «Existe un peligro real de que más gente muera por el impacto económico creado por la covid-19 que por el virus mismo».

Da la impresión de que no ha comprendido el error de, con la información en la mano, retrasar una semana el combate del bicho y ahora repite al retrasar la vuelta a la normalidad. En ese tiempo se pierden empleos y crecen las colas demandando alimentos, más largas que las manifestaciones de Vox. Además de precariedad material, el confinamiento, que usted alargaría hasta entrado el verano, habrá provocado trastornos mentales.

Tal vez lo que más valora del arresto es la usurpación de libertades. No sé si esa es la razón por la que le llaman Fraudillo, lo habrá leído, señor presidente, una combinación al estilo Brexit. «Cuando la diferencia entre la verdad y la mentira se convierten en una mera cuestión de poder y astucia, de presión y repeticion infinita, las falsedades más monstruosas se transforman en hechos incuestionables», en palabras de Hannah Arendt, la filósofa judía que alguna vez he traído a estas líneas.