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El refranero ya lo sabía, por algo afirma: «Año bisiesto, año siniestro». Sabía que en 2020 Australia sería pasto de las llamas, que con la tensión entre Estados Unidos e Irán estaríamos a punto de sufrir la tercera Guerra Mundial, que el Coronavirus sería la peor noticia que podría llegarnos de China, que a estas alturas la pandemia estaría empeorando, que el Reino Unido abandonaría la Unión Europea, que un policía blanco le pondría la rodilla en el cuello a un negro durante nueve minutos, que Puerto Rico sería sacudido por fuertes terremotos, que habría un brote de ébola en África, que se produciría una fuga de radiación en Rusia, que Trump no aceptaría la derrota ante Biden, que se iría la luz cuando yo estuviera en este punto del artículo… El refranero lo sabe todo. Y sin embargo, yo soy optimista por naturaleza y tiendo a creer que los años bisiestos siempre nos reservan algo bueno, como los años de nieves, que dicen que son años de bienes. Si hurgamos en la memoria de este annus horribilis podemos concluir que cuando menos la pandemia ha traído consigo menos contaminación, ha logrado que los canales de Venecia lucieran más transparentes, ha despertado la solidaridad de algunos grupos locales para ayudar a personas mayores, ha unido a muchas comunidades en todo el mundo para enfrentarse al virus y ha dado cierto empaque a la creatividad de cuantos nos veíamos obligados a encerrarnos en casa y a improvisar nuevos pasatiempos. En fin, quien no se consuela es porque no quiere.

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Me están llegando cancioncillas burlescas por wasap para despedir a este año tremendo, un año para olvidar, como lo fue el 1918, también conocido como el año de la gripe española. Y sin embargo este año que termina no termina para todos. Desde luego no termina para los que sufren, para los que todavía padecen los efectos de la enfermedad (en 1918 llamaron a la gripe «la enfermedad de moda») Ya saben que en Arabia Saudita está prohibido celebrar el año nuevo según el calendario gregoriano que usamos nosotros, porque sus tradiciones se basan en el calendario lunar. En Irán el año nuevo se celebra el día de Noruz, que es el primer día de primavera. Por su parte en la India se rigen por el calendario nacional que fija el año nuevo hindú en el día 22 de marzo. Y en Israel el año nuevo se celebra el mes de tisjirei, que se sitúa entre los meses de septiembre y octubre. Pero a nosotros este año nos toca imaginar, que es gratis, imaginar que salimos ilesos con toda suerte de venturas.