02-IV-21 VIERNES

Imágenes retrospectivas del Viernes Santo: pescado en el menú familiar; el ayuno nunca lo viví, lo hubiera llevado mal y lo recordaría, mientras la abstinencia era una simple permuta de carne por pescado. Silencio ambiental: era sospechoso hablar en voz alta, y peligroso cantar por la calle. En cine y televisión, solo películas de romanos, leprosos (Molokai), de Marcelino Pan y Vino, o el teatro de los hermanos Largo en el campo de Gracia con Juan Cubas, en faldaret, clavado en la cruz.

Y el plato fuerte, la procesión con mi cofradía de La Sang, de la que había que terminar cruixit para quedar bien y demostrar que eras un al·lot com Déu mana que se batía el cobre llevando el paso sobre sus juveniles espaldas (jamás lo cargué, siempre me escabullí con mil excusas).

03-IV-21 SÁBADO

El Sábado Santo esperabas en vano ver apostadas en el portal de tu casa a las chicas o la chica, a las que habías regalado caramelos a cara destapada en la procesión, esperándote con un cuaderno de autógrafos y mirada insinuante (nunca cayó esa breva)..., Pero el Domingo de Gloria estaba más cerca y ya te dejaban cantar el «Perdóname» del Dúo Dinámico: «Te perdí, por culpa de un error/ te perdí y destrocé mi corazón…» En fin, batallitas

04-IV-21 DOMINGO

Hoy, en el año II de la Pandemia, en el Domingo de Gloria también percibo el silencio, pero me temo que sea por otras causas, y veo a paisanos enmascarados intentando hablar con los ojos mientras cabecean resignadamente (¿Estaremos entrando en aquella famosa resignación cristiana?). Por el contrario, leo en periódicos(?) digitales que estamos intimidados por un poder necio e incompetente y que habría que rebelarse, parece que no solo contra el Gobierno y contra Europa por su más que deficiente política de vacunas, sino contra una especie de conspiración de chinos, illuminatis y las big farma que nos quieren sometidos … No, no, no, no más insurrecciones, al contrario, y a pesar de los tropezones, necesitamos más política, más Europa, más ciencia, menos salvapatrias.

07-IV-21 MARTES

Difícilmente puede prosperar un país si sus máximos polos de riqueza están en perpetua desestabilización. En España tenemos una Cataluña en estado de ensoñación permanente y una comunidad, la de Madrid, no menos ensimismada con su cruzada contra el comunismo y, sobre todo, contra Pedro Sánchez. A la creciente radicalización de los tradicionales polos izquierda-derecha se le sobrepone la ya crónica gresca catalana, ahora con su fantasmal «Consejo para la República», y el no menos peculiar desempeño de la presidenta de la Comunidad de Madrid, artífice del movimiento Madrid first, promotor del excepcionalismo madrileño, presunto paraíso de la libertad (?)… ¡Qué cansancio, qué inmenso cansancio!

14-IV-21 MIÉRCOLES

¿Fatiga del dietarista o podemos hablar de una cierta fatiga democrática?, ¿se agota también la capacidad de acción democrática?, ¿podría esta fatiga explicar por lo menos parte de la actual atracción del populismo?, ¿lo ve mucha gente como una solución a problemas contemporáneos, como la crisis de representación política y las desigualdades?, ¿qué puede haber en común entre Trump y Salvini, o entre Mélenchon y Duterte o entre Le Pen y Abascal?... Son preguntas que se hace Pierre Rosanvallon, historiador y referente intelectual de la Francia contemporánea en una entrevista en «El País» de noviembre del 2020.

Una aportación importante del populismo a la democracia contemporánea es haber entendido que se gobierna también con las emociones, argumenta Rosanvallon. A menudo los que critican-criticamos- esta ideología, no lo entendemos. No se puede criticar el populismo superficialmente o limitarse a decir que promueve una democracia antiliberal, cuando si ocurre es porque la democracia liberal, en plena crisis, no está cumpliendo su agenda. «¿Y puede llegar a desaparecer?» le pregunta el periodista: La historia está llena de democracias que desaparecen -contesta el intelectual-, la Grecia antigua y el siglo de Pericles son un buen ejemplo. La democracia es frágil y muere si no se renueva. Sin instituciones democráticas vivas existe el riesgo de que los ciudadanos se cansen de democracia y consientan su desaparición…

Uno es muy poruc («soy cobardísimo, en una guerra solo serviría como prisionero» decía Woody Allen), y, por tanto, conservador, pero solo de lo que merece la pena ser conservado, que es mucho. La democracia «burguesa», tradicional, es uno de esos valores, un jardín que, a pesar de sus espinas, hay que preservar, y para ello tenemos que regarlo y mimarlo, y porque fuera de él hace mucho frío. Mi generación lo sabe muy bien.