«La carita, de santo, y los hechos, de diablo». Eso es lo que dice el refrán. Y también: «La cruz en el pecho, y el diablo en los hechos». ¿Por qué será el refranero tan desconfiado? Otra más: «Beata de condición, la carita santita y el rabo ladrón». Seguro que han adivinado que me estaba acordando de algunos políticos. No de todos, por fortuna, que de todo hay en la viña del Señor: uvas, pámpanos y agraz. Es decir, que en cada aspecto del mundo –incluso en la política– hay siempre cosas buenas y cosas malas. Pero la gente tiende a acordarse de las malas y suele generalizar. Dicen: todos los políticos son iguales, lo que quieren es mandar. Y cuando a uno lo meten en la cárcel por prevaricación y tráfico de influencias, la gente suele afirmar: está muy bien, pero ninguno devuelve el dinero robado. «Prevaricación» es una de las palabritas que más se oyen en los medios de comunicación, referidas a la cosa pública. La prevaricación es un delito que consiste en que una autoridad dicta una resolución arbitraria en un asunto sabiendo que es injusta o contraria a la ley. Tráfico de influencias consiste en lograr que un cargo público dicte una resolución injusta para lucrar a un tercero. «Lucrar» significa sacar provecho de un negocio o encargo. En resumidas cuentas, todo se reduce a dinero, el dinero que según el vulgo los corruptos nunca devuelven. Ya lo decía Quevedo: «Poderoso caballero es don dinero». En el refranero hay por lo menos un centenar de refranes sobre dinero.

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Pero antes de subir al poder y arreglar o estafar al mundo el político tiene que ganarse los votos de la gente. ¿Cómo? Además de un cierto grado de inteligencia hace falta tener también algunas cualidades físicas. Los expertos recomiendan unos ojos grandes, una nariz pequeña, unas orejas de conejo, una boca ancha, un cuerpo esbelto, una voz suave que llegue al corazón del público. Además del valor, que siempre se les supone, y que debería consistir en integridad y fidelidad a unas ideas lo más éticas posibles. Ojos grandes para reconocer las necesidades del pueblo que van a gobernar. Boca grande con buenas capacidades para la comunicación y lengua hábil para expresarse en varios idiomas. Cuerpo esbelto y ágil para poder correr a socorrer a los desdichados donde sea preciso. Buenas orejas para escuchar los lamentos del pueblo a menudo explotado injustamente y nariz pequeña para… ¿Para qué será la nariz pequeña? ¿Acaso para no ceder a la atracción del perfume mareante del dinero?