No sé si ustedes lo tienen claro queridos lectores, porque la verdad es que yo no tengo ni idea, me hago un autentico lío cuando alguien me pregunta si veo tal o cual cosa como normal. En principio normal es lo que se adapta a una norma, pero las normas cambian con el tiempo, y lo que era normal hace unos años no tiene porque serlo ahora. Hace unos años era normal que las mujeres no pudieran votar, y muchos pusieron en duda el derecho de las mujeres a hacerlo argumentando que lo «normal», de toda la vida de su dios, es que ellas no pudieran acudir a las urnas, este ha sido un ejemplo relevante y significativo. Obviamente ahora nos parecería una anomalía que la mitad de la población del mundo no tenga los mismo derechos que la otra mitad. Hace unos años era normal pasarte tardes enteras viendo las películas que ponían por televisión y nos las tragábamos enteras con anuncios y todo, hoy en día pasamos más tiempo navegando por Neflix buscando una película que viendo películas, este ejemplo es irrelevante e incluso idiota.

Hace no mucho era «normal» escuchar que el rey era campechano, cercano al pueblo y que la monarquía era ejemplar, hoy en día el campechano ha pasado a exiliado de lujo, y se han destapado una cantidad de mierdas tan inmorales que alejan a los seres de sangre azul, con corona, de la ejemplaridad a más distancia de la que están Venus y Plutón.

Las normas no dejan de ser convenciones sociales, por más que algunos digan que lo normal es lo natural. Los que afirmaban que la homosexualidad era un enfermedad lo argumentaban apoyándose en lo que entendían por natural o antinatural. Como si lo natural fuera darles electroshock a las personas homosexuales para curarlas de su desviación demoníaca.

Hace unos siglos se pensaba que la Tierra era plana, y el centro del Universo, por lo tanto a quien afirmara lo contrario se le tachaba de hereje o loco, y digamos que no se les trataba con amabilidad, a no ser que alguien entienda por amabilidad ser quemado en una hoguera o emparedar a alguien vivo, parece una salvajada, pero ojito, que están volviendo hordas de pensadores que se asemejan más al discurso de un orco que al de un ser humano con sentimientos.

Hace muy poquito a las personas con discapacidad intelectual se les llamaba subnormales, es decir que eran inferiores porque estaban por debajo de la media marcada en ese momento por la sociedad, y como subnormales se les quitaban todos los derechos, porque, pobrecitos, no tenían ni idea de lo que hacer con su vida, eran una carga que solo la caridad podía asumir. Hoy en día subnormal es un insulto, y es curioso también que la empleen aquellos con humanidad frágil para reafirmarse en sus miserias ideológicas.

Lo habitual, lo natural, regular, lo común, puede ser una bendición para algunos, sobre todo si en ese contexto viven rodeados de caviar. En cambio, lo raro, lo inusual, lo extraño, lo nuevo, lo rompedor, es la única oportunidad que encuentran algunos para afrontar una vida donde además de múltiples bofetadas caiga alguna que otra sonrisa.

Así que suplico que dejen ya de dar la turra con recuperar o no la normalidad, de que debemos ser o no normales, de que en la normalidad esta el equilibrio o la felicidad, porque yo no tengo ni pajolera idea de si la normalidad mola, supongo que para unos sí y para otros es un truño sideral, o una maldición divina. En principio parece que aportan más los llamados raritos que los que forman parte del gris montón, pero yo que sé ya. Feliz jueves.