Vivimos tiempos de estafas. Nos estafan y nos engañan, o al menos lo intentan, a niveles personales, profesionales, políticos o culturales. Esta semana pasada se ha divulgado aquí en la Isla una muy lamentable que afecta a representantes del espíritu.

Por mi parte les cuento otra: hace unas semanas recibí una propuesta de pedido de Togo, África. Se trataba, aseguraban, de una agencia gubernamental solvente que invertía fondos covid-19 con el fin de dinamizar la microeconomía de la zona más allá de las grandes inversiones que pudiera hacerse en carreteras, en modernizaciones digitales, etc.

Cuando un humilde industrial recibe un pedido de estas características (de una elevada cantidad de dinero) lo primero es asombrarse y después, de inmediato, pensar ‘no es posible, no me lo puedo creer’. Y lo que hace es despreciar aquel e-mail y no responder. Pero cuando te insisten uno comienza a mosquearse porque sabe que ‘no puede ser’ pero entonces interviene la condición humana que hace preguntarte ‘¿y si fuera cierto?’. Y compruebas la veracidad de la oferta en internet y    contestas. Y se establece una relación en la que te van mandando pruebas de la seriedad comercial de la oferta al tiempo que te comunican que van a pagar todo el importe de forma anticipada con lo cual y aparentemente el riesgo para el fabricante es inexistente. Y uno piensa ¿y dónde estará pues la estafa porque nadie manda casi un millón de euros así como así? Y, ya curioso, les sigues el juego y les mandas la proforma (el presupuesto final) correspondiente. Inmediatamente recibes un contrato que, consultado con un abogado competente te dice que todo es correcto, solo que te comunican que debe firmarse en sus oficinas en Lomé, Togo, dentro de 1 semana de plazo. Entonces uno se cabrea y, ya harto, contraataca y les propone que se firme en el Consulado de Togo en Barcelona.

Rechazan la idea por no ser usual, dicen, pero, y como no dará tiempo (porque apelan a la covid), proponen que la misma administración togolesa te nombre un abogado para representarte en aquella firma.

Uno, que, más que nunca, sigue con la mosca hospedada detrás de la oreja, contacta con el ICEX (uno de los organismos más eficaces de España) y les expone el caso. De inmediato me llama la Oficina Comercial en Lagos (centro de operaciones de España en aquella zona africana) y en menos de dos horas me dan su informe: se trata de una estafa. Y me lo demuestran. Iban a pedir una importante provisión de fondos para un supuesto abogado al que nunca volverías a ver. Así pues, y después de varias semanas, uno se siente más liberado que desilusionado.   

Pero donde la estafa está más presente en nuestros días es en la vida política. Todos tenemos que soportar a mucho estafador y a mucho sinvergüenza porque gozamos de una espléndida opulencia estafadora.   

Es una pesadez ya el recordar las clásicas estafas del Sánchez de aquellos «nunca gobernaré con Podemos», «nunca pactaré con Bildu» (¡si quiere se lo digo veinte veces ..!), «en 100 días tendremos inmunidad de grupo», «las vacunas impedirán los contagios», «no indultaré a los golpistas», etc. Todo una estafa continuada y monumental.

En Cataluña vivimos diariamente la estafa de la mentira consolidada. La inmersión es un fracaso porque no difunde el uso del catalán sino que coarta la voluntad e impide la libertad individual de la mitad de su población.

En Balears las estafas políticas y culturales siguen robustas. ¿Saben aquell que diu que hemos de confinarnos todos mientras ella se va de copas hasta altas horas de la madrugada? ¿Saben aquell que diu que nuestra lengua materna es el barceloní? ¿Saben aquell que diu que los niños tutelados están en perfectas condiciones?... Sí, son estrafalarias estafas que califican la calidad de una democracia raptada por la mentira.   

En Menorca es una estafa calificar de ‘menorquinistas’ a los reaccionarios de Més cuando solo son catalanistas furibundos. No puede ser menorquinista quien atenta permanentemente contra el desarrollo de la Isla en su afán por anexionarnos a un país inexistente.

En Mahón los ciudadanos han experimentado también con asombro la estafa de escuchar que el cambio del topónimo oficial de la ciudad era debido al obligado cumplimiento de una ley regional cuando, según todos los informes jurídicos solicitados, la autonomía municipal rige sobre aquella.

¿Y qué decir del CIM? Lo de la carretera general es una de las mejores estafas del siglo. Something to remeber. Las futuras generaciones entenderán así la cara dura de los politicastros actuales. Y lo de la aprobación en una reunión oculta de 15 minutos, y con nocturnidad y alevosía, del cambio oficial de topónimo de Mahón es otra inconmensurable estafa. Más cuando solicitaron el preceptivo informe a la Real Academia de la Historia ‘concediéndole’ unos ridículos 10 días para que se lo hicieran llegar cuando saben perfectamente que una entidad oficial tiene un proceso y unos plazos para evaluarlo. Esto será causa para presentar recurso ante el Supremo.

Sí, vivimos en un mundo de estafadores profesionales camuflados como pretendidos respetables políticos. ¡How sad!    

Notas:

1- ‘Antany’: Lleno absoluto en la presentación del libro de Marcos Seguí. Una prueba de amor a la Isla.

2- Que al Papa actual lo defiendan los ateos y la izquierda agnóstica ya demuestra qué tipo de Papa es.

3- A Espada: ¿Cuándo empezará a utilizarse el término ‘nacionalista’ como insulto y no como una cualidad positiva?

4- Ómicron: ¿Cuándo dejarán los medios de comunicación de aterrorizar a los ciudadanos?

5- La obsesión del consejero catalán del CIM contra la personalidad lingüística menorquina debe verse con piedad.

6- Todavía no se ha publicado ni en el Bocaib ni en el BOE el cambio del topónimo oficial de Mahón. ¿Pasa algo?