Empezamos el año 2021 con la esperanza de la vuelta a la vida «normal», aunque el concepto de «normalidad» no es muy claro. Se interpreta como «vivir como antes», pero claro uno nunca puede volver atrás en el tiempo. Pasan los años y nuestras vidas son como son.

Puede que en la parte que más se deseaba la vuelta atrás era en lo que se refiere a la pandemia. Al empezar el 2021 ya se veía este año como el paso final de la pandemia. Empezaron las vacunaciones y dependiendo del país se consiguió vacunar gran parte de la población. En España ha sido un éxito, pero en otros países como los Estados Unidos no se ha llegado aún al nivel que sería deseable. De todas formas, yo puedo decir que disfruté del confinamiento. La soledad no duele si puedes seguir haciendo las cosas que te gustan y en mi caso así fue. En cualquier caso, hace unos meses parecía que la normalidad se acercaba y todos nos confiamos.

Eso puede que fuera parte del problema, el confiarnos, pero se complicó todo con la llegada del ómicron y ahora empezamos el año con una sensación menos optimista que el año anterior. Vuelve la pandemia aunque es menos mortal. Las vacunas han hecho su efecto. Esperemos que las cosas mejoren este año, pero no está nada claro si habrá vuelta a la normalidad o será una normalidad anómala.

Pero no fue solo respecto a la pandemia que pensábamos en un vuelta a la normalidad, otra área de la vida en la que esperábamos esta vuelta era en la política en Estados Unidos. Se acababa la era Trump y muchos teníamos la esperanza de una vuelta a la normalidad democrática.

Ciertamente, Biden nos ha llevado a una era mejor, pero el partido Republicano sigue encerrado en el Trumpismo y la sombra de Trump amenazando con su vuelta no nos ha permitido disfrutar de una vuelta a la normalidad política. La propaganda sobre que Biden había robado la elección a Trump sigue con toda su fuerza y sin la mínima indicación de que haya ninguna base para ello. A pesar de ello, el 80 por ciento de los votantes del partido Republicano creen que la elección fue robada. Es triste ver como las mentiras se pueden propagar y mantener en nuestra sociedad. Eso es una indicación clara de lo que nos hemos alejado del estado democrático.

Pero es curioso que en estos dos aspectos en que queríamos volver a la normalidad, los enemigos de esa normalidad se unieran para hacer las cosas más difíciles. Los trumpianos y los anti-vacunas son más o menos los mismos y se han combinado con la posición de algunos grupos religiosos para hacer un cocktail nefasto. Por alguna razón difícil de explicar, desde el principio de su mandato muchos grupos evangelistas consideraron a Trump, una persona con un comportamiento más alejado posible del cristianismo original, como enviado de Dios para restablecer el dominio de los cristianos en America.

A esto se añadió la idea de que ponerse las vacunas es no creer en Dios y llegar a afirmar que la vacuna es la marca de la Bestia para tener un efectivo movimiento cristiano-trumpista- antivacuna. Durante este año se han hecho las afirmaciones más absurdas posibles sobre este asunto que ni en la Edad Media se hubieran atrevido a hacer.

Trump sigue haciendo lo que le place mientras se prepara para subir al trono en 2024. El otro día anunció que se había puesto la tercera dosis de la vacuna contra la covid, eso el líder de los anti-vacunas, pero a pesar de ello sigue con sus apoyos. No se entiende como funciona la mente de esa gente.

Así pues, con la posibilidad de nuevas mutaciones no veo muy bien lo que puede ser la vuelta a la «normalidad» con el caso de la pandemia. En cuanto al trumpismo, parece que hay también mutaciones de los seres humanos a ser cada vez más idiotas, no se ve tampoco una vuelta a la «normalidad». Parece que al final del camino solo nos espera una nueva normalidad que no es muy apetecible.