Junts per Lô no ha cumplido expectativas y opta por la retirada. Han aprendido lo que tantas experiencias anteriores ya conocían, en política la suma resta. Nunca debió renunciar el PSOE a utilizar sus siglas en un municipio en el que ha gobernado durante muchos años y donde sigue teniendo una base sólida. Sus votantes son fieles a una idea y una trayectoria claras y -ya lo había dicho alguna vez- se han mostrado reacios a poner su patrimonio electoral al servicio de ambiciones personales o en candidaturas en las que no se percibe el espíritu y mucho menos la identidad de ese partido.               

El votante anda escarmentado. Elije entre las opciones que le ofrecen y luego estas hacen con su voto lo que quieren, pactan con quien el citado votante nunca lo habría hecho. Pero si antes de soltar la papeleta su opinión importa un poquito, luego ya no vale nada.

Si los partidos se juntan antes en una única candidatura, la apuesta es más honesta, significa que han puesto las cartas al descubierto. Pero no es fácil agrupar en una misma lista sensibilidades tan diferentes, desde el socialista moderado al separatista y el anticapitalista. Uno no compra lana si ello implica llevarse también la oveja. El elector esta vez va avisado y se siente huérfano, los suyos le han dejado en manos de un rebaño demasiado heterogéneo y se decanta por otro o no sale al pasto. Mejor solo, piensa.               

En tiempos del ocaso de las ideologías como algunos sostienen siguen siendo importantes las ideas y, sobre todo, la credibilidad y la confianza que ofrecen quienes aspiran a llevar las riendas de las instituciones.                   

En el resto de municipios menorquines donde el PSOE no ha diluido su personalidad cuando florecieron las candidaturas de la izquierda populista, hoy sigue siendo la primera o la segunda fuerza municipal. En Alaior se dejó llevar al huerto.