Acabamos de dejar atrás el año 2021. Por fin. Ha sido un año principalmente lamentable. Y no solo por haber tenido que seguir sufriendo la esclavitud que nos ha impuesto la pandemia y el Gobierno, sino por todo lo que nos hizo vivir, el muy puñetero, a lo largo de sus doce meses de existencia. Durante su vida hemos visto como se repetía la declaración del estado de alarma y el cierre ilegal del Congreso de los Diputados que han producido hasta cuatro sentencias del Tribunal Constitucional declarando su inconstitucionalidad. Eso que hubiese hecho caer a cualquier gobierno europeo, al parecer aquí no tuvo la menor importancia; una muestra más de la calidad democrática impuesta por el régimen actual.

También hemos continuado expuestos a las continuas mentiras del sanchismo. Ayer mismo publicaba «El País» (diario afín al socialismo) una encuesta en la que se denunciaban esas mentiras continuadas. En su editorial se hacía eco de lo reflejado en esa encuesta criticando al Gobierno por estar desunido, ser inestable, incompetente e incumplidor. ¡Y eso lo dice uno de sus soportes mediáticos!

Durante este año también se ha evidenciado una vez más el fracaso de la llamada cogobernanza al haberse dividido ya a España de hecho en 17 taifas o nacioncillas, cada una de ellas con sus propias leyes y normativas que solo camuflan el riego constante para alcanzar un futuro estado federal. Pero quizás la mayor afrenta a la justicia democrática que hemos vivido durante el 2021 fue la concesión de unos indultos, quizás formalmente legales pero plenamente ilegítimos, a unos delincuentes que nunca se han arrepentido de sus delitos. Un chantaje revestido de legalidad.

También hemos visto que la única acción certificada de gobierno ha sido anunciar subidas disparatadas de impuestos para pagar las facturas que le emiten sus socios parlamentarios como contrapartida a los servicios prestados en el Congreso de los Diputados.

A nivel de Menorca las cosas han continuado como siempre, «a poc a poc i amb bones», es decir, paralizadas. Pero eso sí, la contaminación nacionalista ha medrado un año más a su aire y bien asentada ya por mor de quienes, inconscientes, la amparan en sus regazos. En Mahón la ejecución sumarial de su nombre histórico ha sido el peaje que algunos han tenido que pagar para poder seguir comiendo caliente.

Pero no seamos derrotistas porque 2021 también ha tenido algunas cosas buenas o al menos curiosas como son las concurridas asambleas del GOB que continúan asombrando al mundo al estar abarrotadas de cientos  y cientos de afiliados que demuestran la penetración en la sociedad isleña del ecologismo nacionalista tintado de rojo o los ya llamados ‘Uff’, esos seres infalibles en sus fracasos que tuvieron su momento de gloria. Mientras, la corrección política sigue chutándose sobredosis de equivalencia, una ‘forca’ para el Sistema existente (los cofrades sabrán lo que son ‘ses forques’ que sostienen a los ‘pasos’ en las paradas de la procesión).

Pero de las pocas cosas realmente positivas que nos trajo el 2021 fue que Bélgica no nos endosara por poco el cuidado de  dos delincuentes como Puigdemont y Valtonyc, evitando así que pudieran pisar suelo español, por lo que tenemos que estar agradecidos a la justicia de aquel país, la tierra de Hercules Poirot, por evitarnos semejante trago. No hay mayor pena que estar forzado a vivir lejos de tu hogar.

También ha sido positivo que el marqués venezolano y bolchevique fracasara en su intento de importar la revolución bolivariana a nuestro país y también que el ‘spin doctor’ del sanchismo trabaje ahora a sueldo del conde catalán de familia franquista de toda la vida. Todo cuadra.

Pero lo realmente positivo es que se comience a dar la imprescindible batalla cultural para derogar toda la parafernalia políticamente correcta  impuesta por quienes pretenden ganar una guerra perdida hace 80 años y por quienes desigualan a los españoles según su sexo. Ayuso arrasó en Madrid por no dejarse doblegar por las sandeces del sanchismo que incluso tiene en su gobierno a un ministro que ha declarado «urbi et orbe» que las maravillosas carnes españolas son de ‘mu mala’ calidad y que sus productores son todos unos golfos y unos estafadores. Vaya por Dios. Recemos para que en 2022 caiga este Gobierno y venza el sentido común.

NOTAS:

1- Esplendoroso enfrentamiento entre dos visiones del separatismo-comunista ‘ciutadellenc’: Una a favor de que las mujeres «quolquin» y la otra en favor de que no «quolquin». Pureza vs. frenesí. Maravilloso. ¡Oh, what a show!

2-  ¿Por qué el tremendo papelón del alcalde de Madrid que deberá declarar Hija predilecta de la ciudad a quien asegura no merecerlo recuerda al alcalde de Mahón que tuvo que ejecutar el nombre de nuestra ciudad de Mahón para seguir siendo alcalde?

3- La identidad es el atajo de los vagos para medrar sin dar golpe.

4- Este año incluso se ha llamado Melcior al Rey Melchor. ¡Pero qué obsesión con quitar las h!

5- Declarar a los animales como ‘seres sintientes’ sería maravilloso si no fuera distorsionador y elitista porque los legisladores solo deben referirse a las mascotas pero no, por ejemplo,  a los calamares que cortamos en rodajas y nos comemos como tapa, o a los cerdos a los que degollamos vivos como si fuéramos del ISIS, o a las langostas a las que hervimos vivas, o a las almejas a las que ahogamos emborrachadas y cocinadas en su propia salsa, etc. ¿Debe de prohibirse todo genocidio animal? ¿Tiene que haber clases y clases entre los animales? Recordemos «Animal farm» (Granja animal) de Orwell.