He leído, señor presidente, que anduvo el fin de semana por Palencia buscando votos porque en un mes hay elecciones en la región castellana vieja. Ya sabe que es una comunidad residual, conformada por lo que quedó cuando hace cuarenta años, comenzó el festival autonómico. Se emanciparon Cantabria y La Rioja y lo intentaron León y Segovia, que razones tendrían sobre todo la tierra de maragatos y bercianos, pero no llegaron a tiempo o, como eran pobres, no les dejaron. Le quería poner en antecedentes porque cuando sucedió la configuración del estado de las autonomías debía ser usted muy niño y luego en las escuelas no se enseña. Se lo cuento aun sabiendo que los presidentes tienen amigos en todas partes y alguno habrá allí que le haya puesto al corriente. También tiene ministros patanes como Garzón que le había preparado el terreno para que los ganaderos le dieran a usted una cálida bienvenida.

Espero que su partido tenga suerte, lo digo esta vez sin ironía. Presenta un candidato con más tirón que el que mandó contra Ayuso en Madrid. La alternancia en el gobierno es recomendable por razones de salubridad. Y hace falta allí un revolcón como el que dieron hace unos años los andaluces al latrocinio imperante por falta de oxigenación política. Sería bueno para aquella tierra con poca esperanza de futuro, que seguirá maltratada y vacía, con la población dispersa, los servicios en huida y la reivindicación callada por falta de voces.

Pero no sé si su viaje a la tierra palentina y los que haga en sucesivos fines de semana a otras capitales de la meseta suma votos realmente. Los castellanos son austeros, pero tienen su orgullo y están viendo que las inversiones en infraestructura, en industria y en conocimiento las envía usted a la periferia y, así, siguen ganando y perdiendo los de siempre.