A veces echas tanto de menos que incluso echas de más. Imagino que habrás notado que en ocasiones la vida se pone en plan broma de mal gusto y las horas duran minutos mientras los minutos pasan como segundos. ¡Qué velocidad! Y con ella perdemos y se diluyen infinidad de oportunidades y de ocasiones entre lo que hecemos y lo que deberíamos haber hecho. ¿Te acuerdas dónde estabas en el año 2000? Parece que fue ayer, ¿a que sí? Pues han pasado 22 años y un puñado de días.

Detrás de este caparazón de fofisano glotón y simpático se esconde alguien al que el paso del tiempo le acojona. No por la fecha de caducidad, porque es inevitable, sino por la posibilidad más que real de no estar aprovechándolo. No, no pienso en irme a vivir a Hawai o cualquiera de esos destinos exóticos que tanto suena entre sueños y utopías, ni en cambiar y darle un giro radical a mi vida. Tampoco creo que cambie de profesión porque me conformo con hacer regular una, mientras los que me rodean están más satisfechos de lo que estoy yo.

Hablo de dotar a cada momento de la carga emocional y la calidad que se merece como momento único en la historia –la tuya, la mía y la del universo-. Puede que tuvieses otras cosas mejores que hacer que estar aquí conmigo, «asseguts a sa vorera», no te hablo de obligaciones, de las cosas que tienes que hacer sino de las cosas que realmente te apetece hacer. No es lo mismo tener que ir a la playa que necesitar ir a la playa. A mí, por ponerte un ejemplo, si no me aportara nada sentarme aquí contigo y con quien quiera que se pase, me habrían entrado unas ganas tremendas de levantarme y largarme en busca de otras aventuras. Imagino y espero que tu también. Como te decía, me asusta perder el tiempo de la misma forma que me asusta encontrarlo. Podríamos debatir largo y tendido sobre qué significa para ti perder el tiempo y qué significa para mí, encontrarlo. No llegaríamos a un acuerdo porque seguramente no tendríamos tiempo.

Tengo amigos y conocidos que me achacan que no tenga tiempo cuando en realidad tengo todo el tiempo que necesito, aunque puede que sea cierto que es la mitad del que quiero. Aun así, estoy convencido de que si tuviera más tiempo no tendría tiempo de llenarlo y lo acabaría despilfarrando. Prefiero tener menos y aprovecharlo más.

Lo mismo pasa con las personas. A veces nos obligamos a tener más personas a nuestro alrededor de las que podemos sostener con una relación mínimamente cordial y las acabamos echando de menos, mientras que otras nos molestan hasta el punto de echarlas de más.

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