Si los griegos de la época del Rey Leónidas levantaran la cabeza y vieran que el parque de Milá, con sus gigantescos molinos, lleva el nombre medio camuflado del su dios Eolo el de los vientos, les aseguro que abandonaban las Termópilas y desembarcaban en nuestra Isla para pedir explicaciones o pasarnos por las armas.  Porque clama al cielo que en estos momentos se haya dado por hecha la muerte definitiva de algo que empezó con criticas, como fue el aspecto visual de sus monstruosos molinos en plena naturaleza y codeándose con nuestro título de Reserva de la Biosfera, que más tarde fuimos viendo que podía llegar a ser una importante fuerza de generar electricidad y desde entonces, íbamos siendo testigos de una muerte anunciada sin visos de solución.    Las averías no solo se repetían y multiplicaban haciendo que sus aspas fueran quedando paralizadas, sino que las reparaciones iban abandonándose debido a su dificultad y elevado coste.   

En resumidas cuentas, nos encontramos ahora con un parque que lo único que va a darnos es una imagen de gigantesco abandono y nunca mejor dicho dada la envergadura de dichos molinos. Como muchas cosas que nos toca vivir como simples espectadores, se nos abren interrogantes sobre que es lo que va a pasar, si vamos a tener menos capacidad eléctrica en nuestra isla que no estamos para lujos  y siempre bajo la sombra de esos apagones casi inexplicables o que.   

Lo que sí tenemos claro es que tanto los éxitos como los fracasos van a cuenta de nuestros impuestos, pero son precisamente los fracasos los que notamos más cercanos y dolorosos. Si quieren que les sea sincero, no creo que el rey Leónidas se molestara en reunir a sus trescientos y plantarse en nuestra Isla para cortar cabezas. Era un Rey valiente pero sobre todo sabio y sabría seguramente que iba a ser una batalla perdida.