El pasado martes día 21 pasé 7 horas en Cantabria. Asuntos propios. Concretamente tres horas y media en Santillana del Mar y otras tres horas y media en Santander ciudad. Santillana es un hermoso pueblo que muestra orgulloso sus huellas románicas y la satisfacción de formar parte de una de las rutas más turísticas de Cantabria (las cuevas de Altamira están muy cerca). Conserva su ascendencia medieval de calles empedradas y edificios muy bien rehabilitados. La ciudad de Botín es, contrariamente, una urbe moderna con referencias arquitectónicas muy interesantes que le mantienen el aire señorial y ciertamente romántico que la caracteriza.

Como ya he recordado otras veces, hay que agradecer al verano (estación denostada por los localistas acérrimos) que ahora nuestra Isla esté comunicada con multitud de destinos tanto nacionales como internacionales que actúan como descompresión ante el normal aislamiento forzado que gozamos / padecemos en Menorca. Y, por cierto, con vuelos casi siempre a muy buen precio.

En este caso sales de Mahón a las 8.40 de la mañana (con Volotea) y a las 10 o’clock, anticipadamente a lo previsto,  aterrizas en el aeropuerto Severiano Ballesteros. Es decir no tardamos más de hora y veinte minutos en cruzar nuestra parte del Mediterráneo y en atravesar toda la Península. El avión va casi lleno de turistas que han pasado sus vacaciones en la Isla. Abundan las caras satisfechas. Las mujeres son casi todas rubias, ¿por qué hay tanta rubiez en el norte? Y entonces recuerdo a aquella tremenda Susana Estrada.

El taxista que me conduce a Santillana (20-25 minutos) me pregunta de dónde soy. Le digo que «soy del mar». Suspira y le amplío información: «Soy de Menorca». ¡Ah, ¿de Mahón?! Pues sí, de Mahón total. «Muy bonito, me lo dijo un primo que ha estado».

Al pasar ante una fábrica de productos químicos muy voluminosa me dice que Cantabria tiene poca industria. Inevitablemente me acuerdo de nuestra Menorca. Me dice que sus dos fábricas más antiguas son esa que hemos pasado y otra de Nestlé, ambas con más de 100 años de existencia. Me sigue diciendo que, de hecho, la región es pobre («aquí no hay nada») y que solo tienen medio millón de habitantes. En Balears somos más. Me dice que siempre manda Revilla (aunque «ya está cansando a la gente») porque aun siendo el tercer partido de la región es el que siempre saca provecho de las rencillas irreconciliables que existen entre el PP y el PSOE. Me acuerdo de Menorca y del suplicio que significa sufrir a Més-manco per Menorca.

Me critica que lo que más abundan en la región son funcionarios. Parece ser que más de un 25 por ciento de la población se ocupa en ocuparse de los demás. Vuelvo a pensar en Menorca. Me confiesa que, en su familia,  de los seis que son, tres hermanos y sus mujeres, hay cinco funcionarios y un currante privado. Irónicamente me dice que él mantiene y paga los sueldos de los otros cinco. Las autonomías han creado una red administrativa monstruosa que chupa buena parte de un dinero que debería ser destinado a gasto social y a reducir impuestos que incentivarían la creación de empresas.

El mismo taxista me confiesa que Santillana de Mar es un pueblo mentiroso porque ni es Santa (leer historia), ni es llana (es montañosa) ni tiene mar (está a unos 4 kms.). Pero tiene fama. Y muy buena. Un lugar precioso.

Acabados mis deberes en el pueblo un amigo me conduce después a Santander (25 minutos). Me pasea por El Sardinero y me enseña sus playas hasta que finalmente me deposita en el Puerto Chico, en el Paseo de Perea. Como un menú, oteo las vistas, paseo media hora y me vuelvo al aeropuerto.

A media tarde vuelo a Madrid, a esa ciudad tabernaria que lo da todo al visitante. A esa ciudad abierta y alegre que ahora espera a la OTAN. Al día siguiente tengo varias citas a primera hora. Después, a mediodía tomo el aperitivo al lado del Mercado de San Miguel. Recuerdo que fue Miguel Ángel Furones quien me lo estrenó en su día. Le añoramos mucho.

Me paso al barrio pijo y en la calle Lagasca creo ver a la exvedette Norma Duval camuflada tras unas gafas enormes y oscuras, de esas que tapan media cara. La observo deteriorada… si es que finalmente es ella.   

Intento comer en alguno de los restaurantes de la zona de Jorge Juan con Puigcerdá pero me lo ponen difícil. Todo está lleno hasta los topes y siempre surge la misma letanía del ¡tendría que haber reservado! Finalmente tengo suerte y encuentro una mesa. De postre me tomo un Tokaji. Otra vez el recuerdo de Miguel Ángel.

Madrid está espléndido. Se nota que es una ciudad en marcha en una región gobernada por la ilusión y la determinación. ¡Qué alejada está esa ciudad de los tópicos al uso sobre las tonterías políticamente correctas!

Y ya en el aeropuerto surge la sorpresa: ¡Embarcamos por la puerta K-62! ¿Cómo puede ser? ¡Qué bien! Esta vez no nos expatrian hasta el final del pasillo B, en los confines de la nada. Por fin somos españoles normales. Y puntuales volamos a Mahón, Menorca, Baleares, España.

Notas:

1- Semana de apuñalamientos en el CIM. Més: Incompetentes, fariseos i mentiders.

2- Las demandas de Iniciativa x Mahón tendrán su repercusión en el Parlament Balear. Próximamente.

3- Un recuerdo agradecido para José Luis Balbín. En la Transición «La Clave» nos enseñó democracia. Fueron tiempos de grandes periodistas como el mismo Balbín, Martín Ferrand, J.L. Gutiérrez, J.M. García, Dragó, Antonio Herrero, aquel Pedro J., etc. Ellos fueron los que protagonizaron el cambio en España.

4- Ussía se venía a preguntar este domingo (en «El Debate») ¿por qué hay tantos españoles que aborrecen a Sánchez? ¿Por gobernar con los comunistas y mantenerse en el poder con los traidores a España y con los herederos de la ETA? ¿Por su inconmensurable chulería y por abuso del dinero público? ¿Por ser un mentiroso compulsivo? O, como afirma su empleado Tezanos, simplemente por ser alto y agraciado. Adivinen.