Se atrevió a alzar la voz ante el sistema sanitario en un momento clave que coincidía con el reciente inicio de la anhelada vacunación contra la covid-19 en España. Nadiya Popel dijo en aquella entrevista a este diario, que leyeron más de un millón doscientas mil personas, que no pretendía crear polémica con sus palabras sino dar información a la gente porque estaba advirtiendo en pacientes que acudían a Urgencias del Hospital Mateu Orfila, donde trabajaba, efectos secundarios de la vacuna. Añadía que quizás era el momento de buscar «métodos más saludables» para salir adelante y decía bajo su criterio que la vacunación debía detenerse.

Lejos de quedarse en la exposición puntual de sus opiniones, la doctora Popel se creció a medida que pasaban los días y sus postulados la convertían en una adalid de los negacionistas de la vacuna. Lo que en principio fue una manifestación voluntaria y valiente para salvaguardar, dijo, su propia conciencia profesional en base a su experiencia diaria, se convirtió en proclamas constantes de rechazo y múltiples apariciones en concentraciones contra el fármaco.

La doctora que vino de Ucrania ha seguido adelante con su posicionamiento a costa de poner en riesgo su carrera profesional y nada va a ser igual para ella desde que entró en este círculo mediático en el que, aparentemente, no se ha sentido incómoda.

Una prueba de ello es el conflicto administrativo que genera su readmisión ordenada por una jueza, en colisión con la suspensión que decidió el Colegio Oficial de Médicos de Balears, retirándole su condición de colegiada durante 18 meses.

Es trabajo de su abogado, conocido por su negacionismo, litigar ante el mismo juzgado para que el auto de la magistrada, como parece lo más lógico, prevalezca ante una suspensión colegial.

Mientras tanto Nadiya Popel deberá seguir atendiendo a quien le pida opinión y ofreciendo charlas en las que argumenta el rechazo a la vacunación, su ocupación actual tras 17 años en las urgencias del ‘Mateu Orfila’.