¿Cómo están, queridos lectores? Cuando los tiranosaurus corrían felices por las playas de Menorca yo trabajaba en hostelería y mis compañeros y compañeras de aquel entonces bautizaron a este mes en el que acabamos de entrar como «agobiosto»; es el mes donde todo el personal de hostelería tiene que echar el resto que le queda, seguro que muy poco, para atender a la avalancha de clientes que llegan, una vez mas todo mi respeto para ellas y para ellos.

Como el contexto está más que calentito, de hecho pegas una patada al ordenador y salen mil haters escupiendo sus paridas, me he propuesto usar este primer artículo de agosto para hacer una especie de terapia compartida. Que nadie se equivoque, no queremos remover conciencias, sería muy arrogante, el único objetivo es pasar el rato, cerveza en mano, viendo pasar la vida y desahogarnos con toda la gente que no mola.

Las personas que han gestionado de tal manera la Sanidad que cuando un paciente pide hora con su médico de familia le dan cita para dentro de diecinueve días (dato real y contrastado), es decir, que puede acudir a su médico para que le haga directamente la autopsia, esas personas no molan nada. Porque además estoy seguro de que todos y cada uno de los responsables cobra un buen bocado de pasta pública y se paga sanidad privada.

Tampoco mola toda esa gente que deja sus mierdas cuando se va de las playas, ya sean su resto de comida basura con sus plásticos de colores, o sus colillas enterradas en la arena. Seguro que después postean en Instagram una foto de sus pies con el mar de fondo y la frase «yo aquí disfrutando el paraíso, ¿y vosotros?». Pues nosotros limpiando la mierda que tú dejas para que te encuentres el paraíso limpio de nuevo, ahora, que si no vuelves eso que nos ahorramos.

Otras personas que no molan nada son las que para argumentar cualquier cosa usan la frase: «eso es como todo». Noooo, para decir eso cierra el pico hombre, no hay todavía una teoría del todo que explique por qué hay personas que se comen la tortilla de patatas sin cebolla y al mismo tiempo arroje luz sobre las nuevas teorías de física cuántica. Utilizar la hueca frasecita te convierte ipso facto en un cuñado cum laude por la «Gilipollaslandia University».

No molan nada tampoco las personas que dicen: «en mis tiempos» cuando lo que realmente quieren decir es «cuando yo era joven», Si ciñes a tu juventud lo que era «tu tiempo», eso quiere decir que cuando eres mayor ya no aprendes nada, ya no evolucionas nada, ya estás de vuelta de todo, por lo tanto para qué seguir viviendo, ¿para recrearse en la nostalgia?; joder, si estás vivo, tengas la edad que tengas, estos tiempos son tan tuyos como los que tenías con dieciocho años, no sé, igual esa frase es fruto de la gerontofobia dominante, el sistema capitalista salvaje arrincona lo viejo por inútil.

Tampoco mola la gente que no rellena la botella de agua fría en la nevera, qué poquita empatía y qué nivel de ego desmesurado denotan. Tampoco molan los que te ofrecen una cerveza y no te ponen ni unos tristes quicos para picar, no seas rata por favor. No molan nada las personas que se repiten como el ajo, como  los que escribieron el agosto del año pasado artículos sobre personas que caen mal y ahora escriben otros sobre personas que no molan, pero qué quieren que les diga, hace mucho calor y las conexiones neuronales están derretidas. Eso sí, la repetición es bienvenida si es para desearles, con total sinceridad, que tengan un feliz jueves.

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