Tengo unas ganas de que llueva, que no te lo imaginas. Al margen de todo el follón del cambio climático, que da para que nos preocupemos lo suyo, el cuerpo me pide un buen chaparrón que dé portazo a un verano que se resiste y regala las últimas tardes de bochorno insoportable. Tengo ganas de que llueva, de que remueva la tierra, de que lo prepare todo para los ‘esclata-sangs’ y que pueda empezar a preparar los ‘calçots’.

Ya sabes de sobra que odio el otoño. Me parece un insoportable grano que crece entre dos granos igualmente insoportables. Días cortos y ventosos, y unas temperaturas ideales para estrenar la temporada de los catarros, son parte de un menú que cada vez detesto más. Y este año estoy especialmente tan desmotivado con el otoño que no hay ni una sola colección de fascículos que me haya llamado la atención para ir haciendo y descontando semanas. Ni si quiera el Power Rangers gigante.

No sé si esta animadversión hacia mi cuarta estación preferida del año, la primera si el ranking es de las más odiadas, se debe a que me hago mayor y, con ello, un poquito más cascarrabias, pero sí que tengo claro que cuando llega la primavera con sus días largos y con muchas horas de sol, recupero la alegría.

El otoño es como el miércoles. Está en mitad de la nada, molestando, pero sabes que cuando se acaba llega el jueves que te deja a las puertas del viernes. El invierno hace lo mismo. A mí el humor me empieza a cambiar a partir del 17 de enero, que todavía queda lejos del inicio de la primavera, pero ya te va regalando cada vez más horas de luz y algún grado de más.

Lo del otoño y yo no es de ahora, hace ya mucho tiempo que no nos tragábamos. Sobre todo, cuando cambiábamos de un día para otro las playas por las aulas y todo el follón que acompañaba ese cambio. Tengo la sensación de que es la estación más larga del año y la más aburrida. No sirve ni para estrenar series buenas.

Tendríamos que organizarnos para que el verano empalmara directamente con el invierno y con la Navidad, porque no nos engañemos, no va a pasar nada espectacular en nuestras vidas de aquí al 22 de diciembre. Por lo tanto, ojalá se ponga a llover cuanto antes y el invierno se dé por aludido. Que cuanto antes nos pongamos, antes llegará la primavera.

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