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Me preocupan esos manipuladores de la información o de la desinformación, llámenlo como quieran, que usan su pluma o su voz como una arma arrojadiza mortal, mutiladora. Te cuentan, oyes historias que se mueven en la delicada línea que separa la realidad absurda del rumor creíble. Y son noticia, últimamente son noticias de niños que te golpean los sentidos con inusitada brutalidad para luego, como cortina de humo se intentan borrar, desaparecer, desmentir.

Cabría preguntarse donde está el juego, cual la adivinanza, si hay algún tipo de premio tras tanto montaje. Tal vez no sean más que nostálgicos vampiros que precisan alimentarse de sangre sin contaminar para seguir manteniéndose vivos. Sea lo que sea están ahí escondidos entre las líneas de determinados periódicos, entre determinadas ondas radiofónicas, agazapados entre bastidores dispuestos a ser noticia. Son esos duendecillos mezcla de ángel y demonio que se empeñan en hacernos ver que no hay nada limpio en nuestro alrededor    y que en ésta película que es la vida, no se salva    nadie, ni el apuntador ni la inocencia más pura.