TW

No es que les falte un tornillo, o que la agitación de las elecciones europeas les haya sacado de quicio, es que intentan diferenciarse a la desesperada. Mientras la gente corriente hace esfuerzos por ser lo más normal posible sea cual sea la normalidad, y no diferenciarse demasiado del prójimo para que no les señalen con el dedo, los partidos políticos, tanto de derechas como de izquierdas, intentan toda clase de maniobras para marcar territorio y distinguirse unos de otros, sobre todo de los grupos más próximos. La tensión entre querer ser únicos y singulares, y a la vez ser como todos, como hay que ser, es algo que cada individuo sobrelleva a su manera, con más o menos discreción, pero que los partidos políticos sencillamente no aguantan, y menos en campaña. Se les va la olla, dan grandes bandazos, adoptan estrategias incomprensibles, y al tiempo que se proclaman muy multitudinarios, escrutan con lupa cualquier minúscula diferencia para distinguirse.

Si no la hay, desde luego, se la inventan. La obsesión por la diferencia obliga a los patriotas de ultraderecha, que son idénticos sea cual sea esa patria, a exageradas contorsiones ideológicas para diferenciarse entre sí, y sobre todo, para diferenciarse de sus eventuales colegas menos radicales de la derecha, a los que comen el terreno con avidez. Y qué decir de los grupúsculos de izquierda, cuyo afán de distinguirse por leves matices es ya un tópico político, y que hasta cuando pactan coaliciones persisten en mantener sus señas de identidad (sus siglas) contra viento y marea, como si fuesen el cofre del tesoro. Un caso de diferenciación paroxística, en fin. Normalmente, ni ellos perciben esas diferencias, pero en cuanto les ponen delante una cámara, resulta que eran abismales. El afán de diferenciarse, casi tan poderoso como el igualitario, alcanza entonces su cota máxima, el Everest de la diferencia. Ah, la retórica de las diferencias. El imperio del detalle y el matiz. La moral de la distinción, o viceversa, la distinción como superioridad moral. Qué manía política, diferenciarse. Y muy difícil de conseguir sin que se te vaya la olla. No es que les falte un tornillo, es que se están diferenciando.