Aquí falta algo
18/07/24 4:00
La histórica noche del sábado, cuando un capullo pirado de Pensilvania, tumbado a gran distancia sobre un tejado con el rifle de su padre, le mojó la oreja de un balazo al expresidente Donald Trump que voceaba en un mitin, yo estuve más de dos horas mirando esa escena repetida en bucle docenas de veces, mientras fumaba con aire pensativo sin saber exactamente qué estaba pensando. Luego me entró apetito, lo normal en las secuencias históricas, y me zampé dos rodajas de melón, hasta que pasadas las dos de la madrugada y tras innumerables repeticiones del atentado, incluida la icónica imagen de Trump con unas gotitas de sangre en la cara, levantando el puño y arengando a la lucha, descubrí de pronto por qué llevaba más de dos horas absorto.
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