A peor
La clase obrera española ha perdido poder adquisitivo desde aquella crisis de 2008 que aún no hemos superado. Las grandes cifras hablan con descaro de subidas salariales, de recuperación, de que vamos «como un tiro», pero lo que percibimos los que vivimos a pie de calle es que en tres lustros nos hemos dejado como mínimo un tercio de nuestra capacidad económica. El maremoto pandémico, la montaña rusa inflacionaria, la alocada subida de los tipos de interés, y con ellos la hipoteca… apenas nos ha dado tiempo a aterrizar de tanto vaivén financiero. Al margen de las proclamas entusiastas de los gobiernos -a ese carro se suben todos, central, autonómicos, municipales-, los datos revelan problemas de fondo: deuda y déficit disparados. Y pocas ganas de hacerles frente porque eso significa echar el freno a esa orgía de gastos que todos los políticos -y sus apesebrados- desean. Pero, ay, detrás de cada gesto gubernamental hay un inspector europeo analizando con lupa cada euro que sale de las arcas públicas.
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