Carlos Moyà y Carolina Cerezuela, unos padrazos. | Pedro Prieto

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Carlos Moyà y Carolina Cerezuela salieron a almorzar el sábado. Iban con su hija, Carla, que llevaban en el cochecito. O mejor dicho, la trasladaron en cochecito desde el coche familiar al restaurante, Can Mito, en es Molinar.
El padre y la madre vestían de rojo. Ella, completamente de rojo, muy guapa -en realidad siempre lo está porque lo es, esté o no embarazada-, con la figura prácticamente recuperada y con una clase que para qué les cuento.
Por lo que tengo entendido, ella ha vuelto al trabajo, lo cual, para Carlos, no debe de ser ningún problema, puesto que desde el mismo día que nació Carla, según reconocieron todos, se le dan muy bien estas tareas. De todos modos, ahí están, si no, las abuelas, que encantadas deben de estar de echar una mano a la pareja en los cuidados de la niña.
De esta salida nos advirtieron unos que estaban comiendo en el mismo restaurante que ellos. Y es que eso de ser famoso tiene su peaje.