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La Fortaleza de Albercutx, de Pollença, acogió anoche la fiesta de boda del futbolista mallorquín, Marco Asensio y su ya esposa, la arquitecto e influencer Sandra Garal. Un enlace por lo civil, que tuvo como maestro de ceremonias a un actor infiltrado, ante el cual la pareja se dió el Sí, quiero! y siendo testigos alrededor de 200 invitados, entre ellos algunos futbolistas del Real Madrid, ex equipo de Asensio, ya que la próxima temporada jugará en el PSG, de Luis Enrique.   

Entre los invitados más famosos que asistieron se encontraban el jugador de baloncesto mallorquín, Rudy Fernández y su esposa, la exmiss España, Helen Lindes; el director de relaciones Institucionales del Real Madrid, Emilio Butragueño, así como Jorge Mendes, considerado uno de los agentes de futbolistas más influyente del mundo, encontrándose entre sus clientes jugadores de la talla de Cristiano Ronaldo, Ansu Fati, Radamel Falcao y, desde hace unos meses, el propio Marco Asensio.   

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Sin duda, la gran protagonista de estos días es Sandra Garal, quien ha deslumbrado en cada una de sus apariciones con elegantes diseños de la marca Rosa Clarà. Anoche, además del vestido nupcial, lució otros dos, uno para la cena y otro en la fiesta. Momentos emotivos, que hicieron llorar a los novios, y muy divertidos que compartieron los contrayentes con sus invitados sucedieron a lo largo de la ceremonia. Tras el acto todos los asistentes pasaron a degustar las propuestas gastronómicas elaboradas por el equipo de Maca De Castro, quien al igual que hace siete días, en la boda del también futbolista, Marcos Llorente y Patricia Noarbe deleitaron a los comensales.

Durante toda la noche se pudo disfrutar de una gran fiesta, a cargo de música en vivo y Disc-jockey. A medianoche, unos espectaculares fuegos artificiales, en honor a los novios, iluminaron la bahía, sellando estos su amor, con un nuevo beso. Una velada romántica que duró hasta altas horas y que hoy sábado el matrimonio seguirá disfrutando en La Fortaleza, del resopón y supuesta resaca, junto a amigos. Tres días de fiestas con motivo de un amor que, se prometieron, será eterno.