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Si las elecciones generales tuviesen lugar este viernes, el PSOE sería el partido más votado. Con un 28,7% de los votos (6 puntos más que en junio de 2016) podría lograr entre 116 y 126 escaños: la cifra final que en este momento parece más probable es 124; es decir, 39 escaños más de los que ahora tiene. A continuación, y a considerable distancia (casi diez puntos), quedaría el PP con un 19% de los votos (14 puntos menos que en 2016) y unos probables 73 escaños (64 menos que los que ganara hace casi tres años).

Pese a este desplome, la formación que ahora lidera Pablo Casado seguiría todavía por encima de las otras tres formaciones de ámbito estatal que parecen en condiciones de conseguir más del 10% de los votos. Ciudadanos en este momento se haría con el 16.3% de los votos (que le supondrían en principio 54 escaños). Habría ahora recortado de forma llamativa la distancia que le separa del PP: en 2016 fue de 20 puntos y 105 escaños; ahora podría quedar en 2.7 puntos y en 19 escaños.

Unidas Podemos, con el 14% de los votos, quedaría ahora 7,1 puntos por debajo de su esultado en 2016, y con 34 escaños menos en 2016 obtuvo 71). Finalmente, Vox, lograría un 11,9 % de los votos; es decir, casi un punto menos que el porcentaje estimado hace un mes, lo que cabría interpretar como una posible estabilización de sus apoyos electorales. Conseguiría 31 escaños (en 2016 obtuvo el 0,2 % de los votos y, obviamente, ningún escaño).

Potenciales mayorías de gobierno: De coincidir el resultado aquí estimado por Metroscopia con el que arrojen las urnas dentro de un mes, en principio solo cabrían, aritméticamente, dos combinaciones para sumar los 176 escaños que permitirían una investidura por mayoría absoluta: Un acuerdo PSOE-Ciudadanos: entre ambas formaciones podrían sumar 178 escaños.

PSOE-UP-Independentistas: hoy por hoy, sumarían entre 190 y 192 escaños (de hecho PSOE + UP + ERC + CC conseguirían, en conjunto, en este momento, 176 escaños).

Políticamente, sin embargo, y al menos en el momento actual, ambas combinaciones resultan sumamente improbables, y quizá más la segunda que la primera. En todo caso, queda todavía un mes hasta las elecciones, los alineamientos electorales distan mucho de estar definitivamente fijados y, sobre todo, la movilización electoral sigue siendo claramente más baja de lo que en principio cabe esperar que acabe siendo.

El resultado que Metroscopia estima se basa en el supuesto de que finalmente la participación quede en torno al 67 %; es decir, en un nivel que sería el más bajo de las 13 elecciones generales hasta ahora celebradas. La participación media en elecciones generales ha sido el 73,8 % (sobre el censo de residentes: es decir, sin contar a los españoles residentes en el extranjero que pese a suponer en 2016 casi dos millones tuvieron una tasa de participación de inferior al 9 %). En las de 2016 votó el 69,8 %; la cifra hasta ahora históricamente más baja se registró en 1979 (68 %).

El caso de la formación que lidera Albert Rivera resulta especialmente llamativo porque los apoyos electorales que por ahora parece lograr no guardan la esperable correspondencia con datos adicionales significativos que el sondeo proporciona: Rivera, junto con Sánchez, es el líder político con una evaluación ciudadana más favorable.

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Un 21 % de los españoles lo preferiría como próximo presidente del Gobierno, superado por el 31 % que opta por Sánchez. Casado es preferido por el 13 %, Iglesias por el 12 % y Abascal por el 6 %. Ciudadanos, junto con el PSOE, es el partido al que un menor porcentaje de españoles (19 % y 20 %, respectivamente) dice que nunca, en ningún caso, daría su voto. El retorno de Pablo Iglesias a la política activa, tras su baja por paternidad, no parece haber logrado, al menos por el momento, una reactivación del voto a favor de Unidas

Podemos ni, por tanto, la reversión de su tendencia descendente. Dos de cada tres futuros votantes de UP creen que el retorno a la primera línea política de Iglesias tendrá un efecto positivo sobre su formación. Entre quienes piensan votar al PSOE lo afirma el 45 %.

Nunca antes, en la actual democracia, cinco partidos se han situado en una franja de votos tan estrecha como la que va del 10 % al 30 %. Este hecho confiere unas características peculiares a esta decimocuarta elección general. Por un lado, conlleva una dificultad inédita a la hora de estimar el reparto de escaños: con distancias en votos que, en muchos casos, serán muy estrechas y entre varios partidos, no hay sondeo que permita discernir, con una mínima certeza, a quién terminará correspondiendo el último escaño en disputa. La fluidez y la labilidad actual de los alineamientos, junto con el reducido nivel de movilización, dotan así de un especial grado de incertidumbre a estos comicios.

Por otro lado, las distancias emocionales entre estos cinco electorados principales (por su tamaño) parecen sustanciales y pueden resultar sorprendentes si se piensa que, en principio, cuanto más compleja sea la panoplia de opciones partidistas disponible, en mayor medida las diferencias entre ellas deberían ser más de matiz que de sustancia. Y, por tanto, relativamente menos difíciles de conciliar.

Entre los votantes del PSOE, parece existir un claro foso separador frente al PP y, sobre todo frente a Vox: el 61 % y el 84 % dicen respectivamente que, en ningún caso, le darían su apoyo. Este rechazo de principio es mucho más tenue respecto de Ciudadanos (25 %) y de UP (11 %).

Entre los votantes del PP, el rechazo, de principio, al PSOE es expresado por el 47 % (y por un 82 % en el caso de UP). Solamente el 17 % se negaría rotundamente a votar a Vox. No existe, en cambio, en este electorado, rechazo alguno a Cs. Entre los votantes de Ciudadanos, el rechazo es masivo respecto de UP (80 %), claramente minoritario respecto de Vox y PSOE (30 % en ambos casos) y muy reducido (12 %) en el caso del PP.

El resultado de estas líneas rojas ideológico-emocionales recíprocas entre buena parte de los votantes futuros de PSOE y PP ayuda a entender la recepción reticente de una propuesta como la formulada por Manuel Valls: un entendimiento de base entre PSOE, PP y Ciudadanos que hiciera posible acuerdos y pactos que garantizasen la gobernabilidad sin tener que implicar a ninguna otra formación.

La mitad de los votantes del PP recelan del PSOE, el 61 % de los del PSOE recelan del PP, y tan solo entre los votantes de Ciudadanos la prevención frente a estas dos formaciones resulta muy minoritaria (al tiempo que también es nulo, o muy minoritario el rechazo a la formación de Rivera entre los electorados socialista y popular).