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Las milicias prorrusas continuaron ayer con su avance y toma de edificios oficiales en la región ucraniana de Donetsk, vecina de Rusia, tras hacer oídos sordos al ultimátum de Kiev que expiró a primera hora.

Así, un grupo de activistas tomó la Dirección General de la Policía en la ciudad de Górlovka, a unos 40 kilómetros al norte de Donetsk. El asalto concluyó con casi todas las ventanas de la fachada rotas y con los activistas instalados en la primera planta, donde montaron enseguida un punto de reparto de comida.

Al igual que ha sucedido en los últimos días en otros edificios oficiales, grupos de jóvenes con la cara tapada no tardaron en levantar varias hileras de barricadas para proteger su nueva conquista, que se convertirá seguramente en una de las sedes del Antimaidán, movimiento que desafía a las nuevas autoridades de Ucrania.

Otra será el Ayuntamiento de esta ciudad, tomado por los prorrusos prácticamente al mismo tiempo. Los manifestantes decidieron a mano alzada destituir al jefe de la Administración local, Yevgueni Klep, y le obligaron a salir del edificio ondeando una bandera rusa, tras lo cual nombraron como 'alcalde popular' a un tal Alexandr Sapunov.

Dos días después de que la protesta prorrusa pasara a mayores con la toma de la ciudad de Sláviansk por centenares de hombres armados con fusiles de asalto Kaláshnikov, comisarías y ayuntamientos han ido cayendo a lo largo de toda la geografía de la región.

Miembros de distintas agrupaciones locales y regionales, que se identifican de muchas maneras (autodefensas, milicias populares, ciudadanos), parecen cumplir a rajatabla las órdenes que impartió ayer el líder del gobierno interno de la 'república popular de Donetsk', Vladímir Makonóvich, exigiendo a todos los alcaldes de la región que juren lealtad a la «república» y pidiendo a sus seguidores que tomen el control de los organismos públicos.