Una manifestante ante los antidisturbios a caballo. | Reuters

La policía brasileña se ha concentrado este lunes frente al principal campamento de partidarios del expresidente Jair Bolsonaro instalado junto al cuartel general del Ejército en la capital, Brasilia, lo que presagió aparentemente una operación policial para desmantelar este asentamiento, instalado desde poco después de las elecciones presidenciales celebradas el pasado otoño, y que pretendía impugnar ese resultado electoral, incluso pidiendo a los militares que eviten el ascenso al poder de Lula da Silva mediante un golpe de estado si es preciso.

Los testigos confirmaron que a primera hora de la mañana la policía se ha presentado en el lugar fuertemente armada, muchos a caballo, formando una línea frente al campamento, donde se podía ver a partidarios de línea dura del exmandatario brasileño preparados para hacerles frente. Al menos 1.200 bolsonaristas han sido detenidos y conducidos en decenas de autobuses hasta la sede de la Policía Federal, para ser identificados e intentar establecer si participaron en los ataques.

Los medios internacionales han remitido imágenes de lo sucedido en Brasilia, donde no todos los activistas de extrema derecha han tomado actitudes hostiles. De hecho, algunos comenzaron a rezar de rodillas hacia la posición de la policía, tal y como se aprecia también en los numerosos vídeos que se acumulan en las principales redes sociales.

Aftermath of Brazil's anti-democratic riots

Finalmente la sangre no ha llegado al río, y los manifestantes han accedido a abandonar su actitud. Así, la policía del Distrito Federal de Brasilia ha desmontado este lunes el campamento desde el que fueron lanzados los ataques del domingo contra las sedes de los tres poderes en Brasil. Agentes de la Policía Militarizada de Brasilia, reforzados por tropas del Ejército, bloquearon los accesos al campamento a primera hora de este lunes para impedir la llegada de más manifestantes y ordenaron el desalojo pacífico de los que permanecían en el lugar.

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El cerco surtió rápidamente efecto y, sin la necesidad del uso de la fuerza por parte de las autoridades, los cientos de seguidores del expresidente Bolsonaro que estaban acampados frente al destacamento del Ejército comenzaron a recoger sus pertenencias y a abandonar el lugar. En solo media hora, en el campamento tan sólo quedaron las carpas y algunas infraestructuras abandonadas, así como un puñado de manifestantes que se apresuraban para recoger colchones y otros utensilios.

El desalojo pacífico se produjo luego de que el magistrado Alexandre de Moraes, uno de los once miembros de la Corte Suprema, ordenara el desmontaje de todos los campamentos montados por bolsonaristas frente a cuarteles militares en todo el país y desde el que los seguidores del líder ultraderechista defendían un golpe de Estado en Brasil para impedir la investidura de Luiz Inácio Lula da Silva, que asumió la Presidencia hace ocho días.

El campamento de los radicales en Brasilia, montado hace más de 70 días, desde que el líder progresista se impuso en la segunda vuelta de las presidenciales, sirvió de base para los manifestantes que invadieron el domingo las sedes de los tres poderes de Brasil y fue el lugar al que regresaron tras su fracasado intento de forzar un golpe de Estado en la principal economía de América Latina.

Decenas de miles de manifestantes antidemocráticos invadieron este pasado domingo el Supremo Tribunal Federal, el Congreso y el palacio presidencial en el peor ataque a las instituciones de Brasil desde que se restauró la democracia hace cuatro décadas, provocando la condena mundial, incluidos China y Rusia. Algunos recuerdan en estas escenas las vividas hace ahora dos años en el asalto al Capitolio tras la derrota de Donald Trump en las elecciones a la Casa Blanca.