benedicto XVI. El Papa, ayer, tras la Audiencia General - Reuters

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La idolatría es un engaño en el que el hombre no puede salir del círculo de sí mismo para encontrarse con Dios, es decir, para rezar realmente. Lo explicó ayer el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia General.

Siguiendo con su ciclo de catequesis sobre la oración, el Papa quiso presentar ayer el episodio bíblico del profeta Elías y su enfrentamiento con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal en el Monte Carmelo, para demostrar quien era el Dios verdadero.

"Donde Dios desaparece, el hombre cae en la esclavitud de idolatrías", afirmó el Papa, "como han mostrado, en nuestro tiempo, los regímenes totalitarios, y como muestran también diversas formas de nihilismo, que hacen al hombre dependiente de ídolos, de idolatrías; le esclavizan".

Sin embargo, añadió, "la verdadera adoración de Dios, entonces, es darse a sí mismo a Dios y a los hombres, la verdadera adoración es el amor. Y la verdadera adoración de Dios no destruye, sino que renueva, transforma".

El ídolo es una "realidad engañosa", explicó el Pontífice, pues "está pensado por el hombre como algo de lo que se puede disponer, que se puede gestionar con las propias fuerzas, al que se puede acceder a partir de sí mismos y de la propia fuerza vital".

"La adoración del ídolo, en lugar de abrir el corazón humano a la Alteridad, a una relación liberadora que permita salir del espacio estrecho del propio egoísmo para acceder a dimensiones de amor y de don mutuo, encierra a la persona en el círculo exclusivo y desesperante de la búsqueda de sí misma".

Este engaño, añadió, "es tal que, adorando al ídolo, el hombre se ve obligado a acciones extremas, en el tentativo ilusorio de someterlo a su propia voluntad".
Elías y el fuego de Dios

En este conocido pasaje del primer libro de los Reyes, el profeta reta a los adoradores de Baal ante el pueblo de Israel a ofrecer un sacrificio a su dios, para que éste enviase fuego del cielo y lo consumiese, demostrando así su existencia.

Este episodio tiene lugar tras la división de Israel en dos, una vez el pueblo, después del reinado de Salomón, se apartara de la fe.