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La economía griega continuará en recesión en 2013, por sexto año consecutivo, según el borrador de presupuestos que ayer presentó el Gobierno griego ante el Parlamento.

Con todo, la contracción del Producto Interior Bruto (PIB) que el Gobierno dirigido por el conservador Andonis Samarás espera para el próximo año es del 3,8 por ciento, inferior a la que se prevé con que concluya este año (6,5 por ciento).

En su presentación ante la comisión de Asuntos Económicos del Parlamento, el viceministro de Finanzas, Jristos Staikuras, reconoció que la situación "es de recesión profunda y prolongada", y de "depresión económica".

Pero aseguró que los presupuestos para 2013 "marcan el gran esfuerzo" del Gobierno de coalición para "estabilizar las finanzas públicas".

En este sentido, el Gobierno pretende reducir el déficit desde los 13.300 millones de euros (6,6 por ciento por ciento del PIB) con que se prevé acabará este año, hasta 8.000 millones (4,2 por ciento del PIB) en 2013, tras haber cerrado 2011 con 19.500 millones (9 por ciento del PIB).

Para ello se han hecho recortes en las partidas de pensiones (3.800 millones de euros), salarios públicos (1.100 millones), Sanidad (803 millones), Defensa (304 millones) y Educación (134 millones).

El principal problema para cuadrar las cuentas públicas se halla en la elevada deuda pública, ya que si se excluyese el pago de los servicios de deuda, Grecia podría lograr un superávit primario del uno por ciento en 2013.

Aún así, cabe recordar que los presupuestos de 2012 ya contemplaban la consecución de un superávit primario, que finalmente ha quedado en un déficit del 1,4 por ciento -según las previsiones para final de año- debido a que se infravaloró la potencia de la recesión (las previsiones de Atenas y de la troika vaticinaban una recesión inferior al 5 por ciento y finalmente se acercará más al 6,5 por ciento).

Aunque Staikuras dijo que los nuevos presupuestos contribuirán a "asegurar la sostenibilidad de la deuda pública", lo cierto es que ésta no contempla ninguna mejoría ya que terminará 2012 con un valor de 343.230 millones de euros, el 170,8 por ciento del PIB (frente a un 171,1 por ciento en 2011), y para 2013, está previsto que la deuda aumente hasta el 182,5 por ciento del PIB.

Todo ello a pesar de que la pasada primavera se llevó a cabo una quita de 100.000 millones de euros de las cuentas de deuda griegas.

Los recortes aplicados al nuevo presupuesto forman parte de un plan de ahorro por valor de 13.500 millones de euros que el Gobierno de Samarás debe aplicar entre 2013 y 2014 por exigencia de la llamada troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).

Este plan ha de recibir el visto bueno de la troika y, luego, de los países de la eurozona, en su reunión del 8 de octubre, así como de la UE en la cumbre del día 18 de octubre para que Grecia pueda recibir un nuevo tramo, de 31.500 millones de euros, del préstamo internacional acordado la pasada primavera, que el país mediterráneo necesita para recapitalizar sus bancos.

Los representantes de la troika se reunieron hoy con Samarás y con el ministro de Finanzas, Yannis Sturnaras, para examinar las medidas de austeridad que, no sin esfuerzo, lograron pactar la pasada semana los partidos que forman parte de la coalición que apoya al Gobierno griego.

Sin embargo, de acuerdo a los medios locales, la troika presentó objeciones a ciertas propuestas de recortes que suman 2.000 millones de euros, por lo que se deberá seguir negociando en los próximos días.

El plan de ahorro de 13.500 millones de euros se divide en 10.576 millones en recortes, especialmente de salarios, pensiones y beneficios sociales, y otros 2.900 millones en nuevos ingresos a través de un incremento de la presión impositiva sobre los autónomos y una mayor lucha contra la evasión fiscal.

Los recortes ya han generado fuertes protestas en Grecia y numerosas huelgas sectoriales durante el pasado mes de septiembre, incluida una huelga general el día 26 con gran seguimiento y que llevó a decenas de miles de griegos a manifestarse en las calles de las principales ciudades del país. EFE