Soldados del Ejército sirio libre se preparan para lanzar cohetes - Reuters

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El presidente de Siria, Bashar al Asad, ha reiterado el compromiso de su Gobierno con el desmantelamiento de las armas químicas e incluso ha ironizado con la reciente concesión del Nobel de la Paz a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW): «El premio debería haber sido mío».

Al Asad pronunció estas declaraciones durante un reciente encuentro con visitantes y medios en el palacio presidencial, según el diario libanés 'Al Ajbar'. El periódico, afín al régimen sirio, se cita entre los invitados de la reunión y recoge en su edición digital valoraciones del presidente sobre temas de actualidad nacional.

El mandatario dedicó parte de sus comentarios al compromiso de su Gobierno con la destrucción de las armas químicas, algo de lo que dijo no arrepentirse. De hecho, recordó que Siria suspendió la producción de este topo de armamento en 1997 y citó su uso como un «último recurso» en caso de que el «enemigo» recurra a bombas nucleares.

Para Al Asad, el efecto de las armas químicas es más «psicológico» que real, entre otras razones porque considera que existen equipos más eficaces y las víctimas de estos ataques pueden ser atendidas con relativa facilidad. El presidente sirio explicó que cinco soldados «heridos en un ataque de la oposición en el que se utilizaron armas químicas» pudieron volver al campo de batalla «rápidamente», según 'Al Ajbar'.

Al Asad afirmó que, en 2003, Damasco propuso un Oriente Próximo libre de armas de destrucción masiva y justificó la posesión de las armas químicas como un «elemento de negociación» con el que poner sobre la mesa la hipotética desnuclearización de Israel. Sin embargo, ahora «el precio ha cambiado», advirtió el presidente sirio, que dijo haber renunciado al arsenal químico a cambio de evitar una intervención militar occidental.

El régimen de Siria accedió el mes pasado a poner bajo supervisión internacional y destruir todas sus armas químicas. La propuesta, planteada inicialmente por Rusia y Estados Unidos, contó posteriormente con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU y ahora una misión conjunta de Naciones Unidas y la Organización para la Destrucción de las Armas Químicas (OPCW) supervisa el desarme.

La OPCW recibió la semana pasada el premio Nobel de la Paz --en parte precisamente por su mediación en el desarme sirio--, algo que también quiso comentar Al Assad durante su reciente encuentro. «El premio debeería haber sido mío», bromeó, según informa 'Al Ajbar', que no contextualiza más estas palabras.

Al Asad se mostró pesimista respecto a las posibilidades que tiene la cumbre de paz conocida como Ginebra II, en la que Rusia y Estados Unidos esperan que el Gobierno y la oposición sirios acuerden un plan de paz que permita superar dos años y medio de guerra. Los rebeldes se han desmarcado desde un primer momento de esta cita y el presidente de Siria ha fijado condiciones.

Al Asad defendió la conveniencia de celebrar elecciones y frenar el apoyo al terrorismo.