TW
0

Las posibilidades de curación de la auxiliar de enfermería contagiada por ébola, Teresa Romero, aumentan a partir de hoy, cuando se cumplen 15 días desde que empezó a experimentar los primeros síntomas de la enfermedad.

Así lo ha dicho, en declaraciones a varios medios de comunicación, Fernando de la Calle, de la unidad de Medicina Tropical del Carlos III de Madrid y uno de los médicos que trata a la auxiliar de enfermería, ingresada desde el pasado 6 de octubre.

«Es verdad que estadísticamente pasados ciertos días de la enfermedad, superada cierta barrera, los que han sobrevivido tienen más probabilidades de salir adelante», ha dicho este médico, que ha añadido que ese tope se fija en los 14 ó 15 días desde la aparición de los primeros síntomas.

Esto indica que en el caso de Teresa Romero, la jornada de hoy y mañana serán cruciales para determinar sus posibilidades de curación.

De la Calle ha añadido que la paciente está recibiendo tratamientos experimentales para combatir el virus y medidas de soporte vital para sacar adelante los órganos dañados.

Tras recordar que no hay ningún tratamiento que a día de hoy sea eficaz, ha explicado que se trata de «intentar ver qué posibilidades hay, aportando ideas nuevas, pero sin que vaya a perjudicar a la paciente y con el respeto a ella».

Ha insistido en que «nadie que no tenga síntomas puede contagiar» el virus y que en este momento la única persona que puede hacerlo es Teresa.

Este especialista ha destacado la preparación del equipo médico que está tratando a la auxiliar contagiada y ha asegurado que cuenta con la formación suficiente para ponerse y quitarse el traje de seguridad con total garantía.

Ha reconocido que «ese momento es el más crítico y en el que hay que tener mucha tranquilidad y hacerlo bien».

«Con los trajes estamos trabajando bien y tranquilos, si no yo soy el primero que, si el traje que me pongo no es el adecuado, no me voy a exponer a un ébola», ha manifestado, aunque ha reconocido que es complicado trabajar con él porque no transpira, tiene varias capas y limita la sensibilidad para poder explorar al paciente.

Ha reconocido, sin embargo, que existe «cierta inquietud» entre algunos de los trabajadores y que, incluso, alguno de ellos se ha negado a atender a la paciente.

«Si detectamos que alguien está nervioso o que no se siente capacitado para entrar, no entra, porque son unas condiciones de trabajo complicadas y nadie se puede poner nervioso ni marear», ha explicado.

No obstante, ha indicado que, en general, hay mucha tranquilidad en la actividad diaria, ya que se trata del tercer caso de ébola al que se enfrentan, pues también atendieron a los religiosos Miguel Pajares y Manuel García Viejo.

De la experiencia de estos dos casos, los médicos han aprendido «muchas cosas», desde «el manejo en una situación de aislamiento que nunca se había vivido, estar limitado con pruebas complementarias y basarse más en el ojo clínico, hasta la retirada y puesta de trajes».

Visiblemente cansado después de una noche de guardia con la paciente, este médico ha reconocido que «en medicina siempre puede haber accidentes», pero ha añadido que en esta profesión «un error puede llevarse una vida».

«Venimos a trabajar tranquilos, pero eso no quiere decir que no haya que estar alerta porque es algo que hay que hacer bien», ha insistido.

El doctor De la Calle ha recalcado la valentía de Teresa «porque como profesional participó en la innovación de atender por primera vez ébola en Europa» y ha reconocido que, al ser una compañera, al trabajo profesional hay que añadir un componente emocional.

Por otra parte, el comité de seguimiento del ébola informó anoche de que, al margen de la auxiliar de enfermería, son quince los ingresados bajo la denominación de contactos de riesgo. Todos ellos sin síntomas de la enfermedad.

Entre ellos está el marido de Teresa Romero, Javier Limón, cinco facultativos que tuvieron algún contacto con la paciente, tres peluqueras que le hicieron una depilación y varios celadores y enfermeros.