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Aunque sea un deseo compartido dejar de hablar de covid, esta enfermedad ha seguido copando muchos titulares en el año que ahora apuramos. Pero no tan catastróficos como en años anteriores. 2023 ha sido el primer año en el que, por primera vez desde que saltó a los humanos para causar una pandemia a finales de 2019, el virus SARS-CoV-2 no es la causa de muerte más habitual en España, según los recientes datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Con la esperanzadora cifra -provisional- del INE se cierra un año que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó de "transición" y en el que, ante la notable reducción de casos graves y fallecimientos a nivel global, el pasado 5 de mayo decidió levantar la emergencia internacional por la pandemia, que estaba declarada desde el 30 de enero de 2020. Según los datos de la OMS, a nivel mundial y hasta el pasado 19 de diciembre, se han notificado casi 773 millones de casos confirmados de covid-19 -si bien esta cifra no se ajusta a la realidad dado que no es obligatorio notificar la infección- y se rozan ya los siete millones de muertes, la mayoría registradas entre marzo de 2020 y marzo de 2022.

En España, el Ministerio de Sanidad y las Comunidades acordaron decretar el fin de la crisis sanitaria unos meses después, el cuatro de julio. No fue ni Salvador Illa ni Carolina Darias, los dos ministros al frente de la pandemia, los encargados de dar la noticia, sino el entonces recién llegado José Miñones (ahora relevado por Mónica García). Ello supuso el levantamiento de la única medida que quedaba vigente: las mascarillas en los centros sanitarios. Previamente, en febrero, se había dado el paso de eliminar la obligación de llevar mascarilla en los transportes públicos. Aquel ocho de febrero, España fue el último país de su entorno en adoptar esta medida.

En cuanto a la transmisión, la covid siguió sorprendiéndonos este año con otra ola veraniega de contagios. Patrón que, en realidad, se repitió como años anteriores. Y es que, como se sigue constatando, este virus no es estacional, sino que aprovecha la movilidad y sociabilidad de la ciudadanía. "Es un virus muy sensible a los cambios de comportamientos, por eso causa oleadas de contagios en verano y ahora en Navidad, cuando te juntas con gente con la que no tenemos contacto diario", recuerda a 20minutos el presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Óscar Zurriaga. El epidemiólogo asegura que el actual aumento de contagios no se debe a las nuevas subvariantes que, salvo sorpresa mayúscula, se están comportando de forma muy similar, sino a las reuniones navideñas en espacios cerrados sin ventilar.

Según se observa en las gráficas elaboradas por el Instituto de Salud Carlos III -entidad que informa ahora, semanalmente, de la incidencia detectada de covid junto a otras infecciones respiratorias-, las semanas de mayor incidencia en 2023 fueron entre la segunda quincena de abril y la primera de mayo, así como todo el mes de agosto y septiembre.

Según el último informe publicado hasta la fecha, con datos del 11 al 17 de diciembre, el porcentaje de positividad a SARS-CoV-2 aumentó en la última semana del 13,3% al 14,3% (mientras que para gripe pasó del 13% al 20%). Las variantes predominantes en las últimas semanas han sido la XBB.1.5-like + F456L (41,79%) y la BA.2.86 (41,79%), más conocida como 'pirola'. La OMS acaba de añadir a las variantes de interés la JN.1, aunque el riesgo para la población sigue siendo bajo.

Antes de terminar el año, el Ministerio de Sanidad ha publicado las conclusiones del informe Evaluación del desempeño del Sistema Nacional de Salud Español frente a la pandemia de covid-19, que se encargó hace ya más de dos años a un comité independiente formado por cuatro expertos -Rosa Urbanos; Fernando Rodríguez Artalejo; Carmen Pérez Romero y Xurxo Hervada-. Entre sus ideas finales destacan aciertos como la campaña de vacunación y los ERTEs o el mando único, pero también errores como decisiones contradictorias, descoordinación o falta de protocolos para las residencias de mayores.

Zurriaga recalca que esta evaluación es "fundamental para sacar enseñanzas" y darse cuenta de que para prepararse para futuras pandemias -algo que los autores del informe no solo creen posible sino probable-, "hay que trabajar en el día a día". "Ahora es también el momento de hablar de integración sociosanitaria, que se nos ha olvidado lo que pasó en las residencias, cuando fue un punto fundamental de afectación por la covid. Es el momento de hablar de eso que nadie quiere hablar y poner encima de la mesa de las cosas que todavía quedan por hacer como la Ley de creación de la Agencia Estatal de Salud Pública".

Por su parte, el presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, Eduardo Satue, recuerda que aunque este año hayamos abandonado la situación de pandemia y la situación ya no se parezca a la de años precedentes, "la enfermedad sigue existiendo", si bien los casos que tienen que ingresar o requieren cuidados intensivos se mantienen en "parámetros contenidos". "En ningún caso nos podemos despreocupar, los pacientes con factores de riesgo o deben seguir vacunándose. En este sentido, no podemos bajar la guardia", agrega, al tiempo que conseja para este invierno ser "precavidos con todas las personas con factores de riesgo".

Aprobación de la vacuna española

El presidente de la SEE también apunta que el SARS-CoV-2 se ha quedado como "un virus respiratorio más que puede causar afectación como la gripe, que sigue ahí", por lo que llama a "empezar a aprender a convivir con la covid y eso requiere no sorprenderse cuando te vuelvan a llamar para la vacunación, como con la gripe".

En cuanto a las vacunas, el hito del año en clave nacional fue la aprobación del suero desarrollado por la empresa española Hipra el 30 de marzo. Además, los impulsores de la tecnología ARN-mensajero, empleada por las farmacéuticas Pfizer y Moderna para desarrollar sus vacunas y adaptarlas a las nuevas variantes de ómicron -las que se están empleando en la actual campaña de vacunación-, fueron reconocidos por el Premio Nobel de Medicina 2023. Katalin Karikó y Drew Weissman también habían sido reconocidos con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2021.