La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

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La ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero, asciende a vicepresidenta primera del Gobierno tras cinco años en los que ha ganado peso político dentro del PSOE, hasta ser la «número dos» de Pedro Sánchez en el partido, y ha cobrado mayor relevancia en el Ejecutivo gracias a su habilidad negociadora. Montero (Sevilla, 1966) ha estado detrás de los dos acuerdos para formar Gobierno de coalición y ha posibilitado la aprobación de tres presupuestos con los que se han cumplido las previsiones de déficit remitidas a Bruselas, aunque ha sido acusada de cierta ligereza a la hora de cuadrar las cuentas públicas. Quienes se han sentado con ella a negociar destacan su capacidad de diálogo y un carácter posibilista.

No es de las ministras mejor valoradas por la ciudadanía, pero sí una de sus caras más reconocibles tras ejercer durante algo más de un año la portavocía del Gobierno en plena pandemia. Su promoción cobra sentido en una legislatura que Pedro Sánchez ha definido como «de alto perfil político», ya que precisamente en la política se mueve como pez en el agua. Entusiasta con los suyos y feroz con las derechas, Montero es, sobre todo, socialista: «de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades», repite siempre que tiene ocasión para defender un sistema fiscal más justo. Su vehemencia le ha jugado alguna mala pasada, como cuando las cámaras grabaron parte de su discusión con el entonces líder de Podemos, Pablo Iglesias, a quién le pedía que no fuera «cabezón» con la subida del salario mínimo.

La actual vicesecretaria general del PSOE celebró más que nadie el resultado de las elecciones del 23 de julio en el improvisado escenario montado a las puertas de Ferraz, pese a que no era una victoria, sino sólo una posibilidad de mantener a Pedro Sánchez en el Gobierno. Médica de profesión, la ministra se incorporó a la Junta de Andalucía en 2004 de la mano de Manuel Chaves, donde fue consejera de Sanidad y Hacienda. Su nombre ha sonado en varias ocasiones como cabeza de cartel del PSOE para las andaluzas, lo que nunca ha llegado a concretarse. Sánchez la requirió en junio de 2018 para sustituir al popular Cristóbal Montoro en un departamento al que llegó con buena parte de su equipo en la Junta y con el reto de defender los presupuestos de su predecesor, cuya tramitación coincidió con la moción de censura que desalojó al PP del poder.

La verdadera carta de presentación de Montero en Madrid llegó con la defensa del decaído proyecto presupuestario de 2019, un agrio debate de dos días en el que la enérgica ministra intentó rebatir uno a uno los argumentos de la oposición a sabiendas de que las cuentas y hasta la Legislatura estaban condenadas. Pese al fracaso, la combinación de discurso duro con la capacidad negociadora y facilidad de trato de Montero -reconocida incluso por sus adversarios- le permitieron salir reforzada del debate y le llevaron a ganar peso en las siguientes campañas electorales del PSOE.