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Un estudio de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) ha revelado que los niños que comen pescado al menos una vez por semana duermen mejor y tienen un cociente intelectual hasta 4 puntos más alto de media que quienes lo consumen con menos frecuencia o nunca.

El hallazgo, que publica en su último número la revista Scientific Reports, se suma así a la evidencia de estudios previos que habían mostrado una relación entre los ácidos grasos omega-3, presentes en muchos tipos de pescado, el sueño y la capacidad intelectual. Sin embargo, no se habían analizado los tres factores en un mismo estudio.

En este caso, utilizaron una cohorte de 541 niños de entre 9 y 11 años de China (54% chicos, 46% chicas), que cumplimentaron un cuestionario sobre la frecuencia con que habían comido pescado en el último mes. Asimismo, se sometieron a la versión china de la escala Wechsler, utilizada para medir el cociente intelectual mediante diferentes habilidades.

Luego, sus padres respondieron preguntas sobre la calidad del sueño mediante un cuestionario estándar que incluía temas como la duración del sueño y la frecuencia de la vigilia nocturna o la somnolencia diurna. Asimismo, los investigadores también tuvieron en cuenta el nivel educativo de sus padres, su ocupación laboral, el estado civil y el número de hijos en el hogar.

Al analizar conjuntamente todos los datos, descubrieron que los niños que decían comer pescado todas las semanas obtuvieron 4,8 puntos más en los exámenes de cociente intelectual, en comparación con quienes lo comían raras veces o nunca. Y aquellos que los comían a veces presentaban 3,3 puntos más.

Además, el aumento del consumo de pescado se asoció con menos alteraciones a la hora de dormir, lo que según los investigadores indica una mejor calidad general del sueño.

«La falta de sueño se asocia con un comportamiento antisocial», ha destacado Adrian Raine, autor de la investigación, que recuerda que otros estudios han apuntado que los suplementos de omega-3 reducen el comportamiento antisocial, por lo que «no es demasiado sorprendente que el pescado esté detrás de esto».

Ante este hallazgo, los autores insisten en la necesidad de iniciar a los niños desde bien pequeños en el consumo de pescado, incluso desde antes de cumplir el primer año de vida siempre que no tenga raspas y se corte en pedazos pequeños.