Este caso pone de relieve el perjuicio de la acción humana sobre uno de los entornos más frágiles y singulares del planeta. | Pixabay

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El hábitat del Ártico está cambiando a pasos agigantados como consecuencia del cambio climático. Un nuevo ejemplo de ello lo tenemos en el caso sucedido recientemente entre la isla noruega de Spitsbergen y el archipiélago de Nueva Zembla, donde un oso polar hambriento 'asaltó' un submarino nuclear de la armada rusa para intentar alimentarse.

Al parecer, y en base a las informaciones de varios medios británicos, al animal le llamó la atención la nave al salir a la superficie, una maniobra para deshacerse en mitad del mar de los residuos recogidos en bolsas de basura. Ni corto ni perezoso el oso corrió hasta él y se encaramó a la cubierta, un comportamiento difícil de explicar de no ser porque su situación fuera crítica.

Durante un tiempo los más de cien tripulantes tuvieron que esperar, recluidos en el submarino, hasta que el úrsido decidió apearse del mismo y buscarse las habichuelas por otro lado.

Además de la cuestión ecológica de por qué un animal plenamente adaptado a la vida en este entorno hostil tiene que vérselas tan negras como para llegar al punto de abordar a los humanos, muchos fueron los que en las redes sociales criticaron el comportamiento de los militares rusos, y su nulo respeto por el medio ambiente.

De este modo son varios los sectores activistas y asociaciones que han puesto el foco en que la acción humana pone en riesgo uno de los hábitats más frágiles y singulares del planeta, algo que solo se puede atajar si las administraciones muestran compromisos claros en esta línea.