La demanda de pisos de alquiler en zonas costeras de Mallorca ha estado prácticamente paralizada en el último año por la falta de actividad turística

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La reapertura turística de Balears, aunque paulatina, es una realidad. Cada semana suben la barrera negocios que la han mantenida bajada muchos meses, incluso más de un año. No se trata solo de hoteles, sino también de restaurantes, comercios y otros negocios turísticos. Esta reactivación tiene un efecto directo en el empleo, que empieza a remontar. Prueba de ello es que los trabajadores del sector turístico, sobre todo hotelero, que residen en la Península y que se desplazan a las Islas para hacer la temporada vuelven a alquilar pisos para este verano.

«En los últimos quince días se ha reactivado la demanda, los trabajadores llaman para alquilar pisos en las zonas turísticas porque se van a reincorporar a sus puestos», manifestó la presidenta del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Balears, Natalia Bueno. Se trata de una realidad que el año pasado, con la mitad de la planta hotelera de Mallorca cerrada y sin apenas actividad turística, no se dio.

Sobre los precios, Bueno reconoce que existe «suficiente oferta» y que «hay para elegir». Los pisos de las zonas costeras se alquilan a partir de los 600 euros mensuales, unos precios asequibles respecto a los de antes de la pandemia, cuando los trabajadores tenían problemas para encontrar una vivienda para pasar el verano. «Muchos de estos pisos llevan más de un año cerrados», indica la presidenta de los API, quien añadió que algunos propietarios han aprovechado para acometer reformas.

Sobre el perfil de personas que alquilan estos pisos, Bueno indicó que, en la mayoría de ocasiones, se trata de trabajadores fijos discontinuos, en su mayoría, que han estado afectados por un expediente de regulación de empleo (ERTE). «Los hay que hace más de veinte años que vienen los veranos a trabajar en Mallorca», aseguró.

En estos momentos no tienen problemas para acceder a una vivienda, ya que la demanda cayó en picado con la irrupción de la pandemia. «Se trata de viviendas que no se alquilaban, ni siquiera rebajando el precio», comentó.

Ofertas

Respecto a los alquileres habituales, es decir, para residir todo el año y no solo durante la temporada de verano, la presidenta de los API indicó que «hay para elegir» e incluso se logran firmar contratos con rebajas. Estos descuentos, según Bueno, pueden alcanzar el 10 % si se ofrecen garantías de estabilidad.

Los precios «se mantienen con respecto a las rebajas registradas en 2020», pero los propietarios «son más exigentes». En este sentido, explicó que se decantan por inquilinos con contratos fijos, estabilidad laboral y, sobre todo, «que no trabajen en la hostelería». «Temen que no les den una garantía de continuidad por la situación que atraviesa el sector», dijo Bueno, quien advirtió que el turismo se está reactivando.