Las anomalías en la temperatura del mar preocupan a los científicos. En la imagen, sa Dragonera. | L.O.

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La temperatura del mar balear sigue subiendo en este principio del presente mes de agosto y se mantiene al menos dos grados por encima de su media de los últimos 40 años. Como dato correspondiente al pasado lunes, 8 de agosto, el Sistema d’Observació Costanera de les Illes Balears (SOCIB) registró que el promedio de temperatura de la superficie del Mar Balear era de 27,66 grados, lo que es al menos dos grados por encima de la media de ese día en los últimos 40 años (desde 1982).

El pasado 18 de julio, el promedio de la temperatura del Mar Balear era de 27,58 grados, lo que suponía 2,98 grados más que la media desde 1982. Para el SOCIB, dirigido por Joaquim Tintoré, estos valores tan altos tienen efectos sobre el ecosistema marino. Mélanie Juza, investigadora del SOCIB, declaró el pasado julio que «se trata de anomalías enormes que coinciden con las olas de calor atmosféricas. Una sola ola de calor podría tener unos efectos limitados, pero si se suceden de manera muy seguida la incidencia sobre el ecosistema marino va a ser indudablemente negativa». La temperatura de promedio diario más alta registrada en el Mar Balear por el SOCIB corresponde al 10 de agosto de 2003, con un resultado de 29,1 grados. Se trata de un promedio, pues, de manera local, hay boyas y sensores que registran valores superiores a los 30 grados.

Boya de sa Dragonera

La boya oceanográfica de sa Dragonera, gestionada por Puertos del Estado, está registrando una temperatura media en este mes de agosto de 28,55 grados. En los últimos años, el concepto de ola de calor se ha extendido también al medio marino, denominándose como olas de calor marinas aquellas que se producen cuando la temperatura del océano es más alta de lo habitual durante al menos cinco días consecutivos. Aunque el estudio de las olas de calor marinas es reciente, se dispone ya de suficientes datos oceánicos para establecer tendencias en su comportamiento subregional, conocer claves sobre su formación y los impactos que provocan particularmente en los ecosistemas marinos, en los patrones de circulación oceánica y en el clima.

En un estudio reciente del SOCIB, con la propia Mélanie Juza como investigadora principal, los científicos constatan una tendencia al alza de las olas de calor marinas en intensidad, duración y frecuencia en las diferentes subregiones del Mediterráneo. A partir de observaciones multiplataformas, se ha analizado también la propagación en aguas profundas y costeras. Por su parte, y tal como publicó este periódico el pasado 27 de julio, un equipo internacional liderado por el Institut de Ciències del Mar y con intervención del Institut Mediterrani d’Estudis Avancats (Imedea, participado por la UIB) ha comprobado que, entre los años 2015 y 2019, el Mediterráneo experimentó una serie de olas de calor marinas que afectaron a todas las regiones de la cuenca, dando ello lugar a eventos de mortalidad masiva en todo el período analizado.

En esos eventos se vieron afectadas unas 50 especies (incluyendo corales, esponjas y macroalgas, entre otras) a lo largo de miles de kilómetros de costas mediterráneas, desde el Mar de Alborán hasta el Próximo Oriente. Las mortalidades se observaron entre la superficie y los 45 metros de profundidad, donde las olas de calor marinas registradas fueron excepcionales, afectando a más de un 90 % del Mediterráneo y alcanzando temperaturas de más de 26 grados en algunas áreas. Algunas de las especies más afectadas por los episodios de mortalidad masiva en el Mediterráneo son clave para el mantenimiento del funcionamiento y la biodiversidad de los principales hábitats costeros. Entre ellas se encuentran las praderas de Posidonia oceanica o las poblaciones de corales, dos de los hábitats más emblemáticos de los que se encuentran en este mar.