Pedro Mas y Cati Civera en el lugar de los hechos. | Alejandro Sepúlveda

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Son las 20:00 horas de la tarde del lunes 4 de marzo en Inca, Mallorca. Los coches vienen y van dirección a sus casas después de una larga jornada laboral. Pedro Mas y Cati Civera se disponen a entrar en la capital de Es Raiguer tras volver de una reunión y observan a un hombre deambulando por la rotonda del Hospital y enfundado con una bata blanca que enciende la alarma de ambos. «Cuando vimos a una persona caminar de manera extraña y vestido así llamamos directamente a la Policía Local», explicó Pedro, actual director Insular de Turismo.

Tras el primer contacto con el individuo, la preocupación aumenta dentro del coche. Cati alza la voz y exige volver. «No podía más, tenía miedo de que algo pudiese pasar. Volvimos hasta la rotonda de la autopista y le vimos cerca de la barandilla. Aceleramos y salté rápidamente del coche», recordó Cati. En mitad de la situación que les había tocado vivir, vieron que el hombre poco a poco se acercaba al precipicio. «Puso un pie sobre las barras y Pedro llegó para cogerle de un brazo y yo del otro», relató. El miedo de los dos héroes va en aumento a medida que perciben el temblor del perjudicado. «Notamos su pavor y nos temíamos lo peor. Hubo un momento en el que pensábamos que no había nada que hacer», recordó Pedro.

Sin embargo, algo cambia al ver que Cati se derrumba. Las lágrimas de ella abren un nuevo camino que no se había planteado en ese momento. «La tensión y el miedo se apoderan de mí. Me pongo a llorar y creo que a partir de ahí la situación es mucho menos complicada de llevar. Yo me intento acercar a él y Pedro le pregunta de donde es para arroparle con el anorac», dijo. Tras poder tranquilizarle, le tapan con un abrigo y además le dan el calor que necesita para poder alejarle y meterle en el coche para ponerle a salvo. «Le llevamos al vehículo y ahí siguió intentando salir».

En este momento, aparecen varias patrullas de la Policía Local y de la Guardia Civil y una ambulancia. Con las luces apagadas para no alarmar a los conductores. «Llegaron muy rápido, pero se nos hicieron los cinco minutos más largos de nuestra vida. No corría el tiempo», comentó. A su vez, los agentes recalcaron el gran trabajo hecho por ellos. «Nos comentaron que no solo se le salvó la vida a él, sino que también del que pase en ese momento por ahí», insistió. Tras superar el episodio, la víctima fue trasladada hasta el Hospital Comarcal de Inca donde permanece ingresado en psiquiatría.