El árbitro, Chema Pons, durante un partido de la presente temporada. | Gemma Andreu

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La renuncia de los colegiados Pedro Olives y Chema Pons, (desvelada por este diario en su edición del pasado lunes en el caso del primero; hoy ponemos rostro al segundo), ha sido el último capítulo desgranado en la trama de polémica en que vive enfrascado el baloncesto local desde hace algunos meses, y que dio con su álgido en la huelga convocada por el colectivo arbitral veinte días atrás, y que dejó sin competiciones al basket insular durante un fin de semana.

Cuando la calma advirtió visos de restablecerse y el juego regresó a las canchas, se reprodujeron una serie de situaciones, algunas en ligas de formación, que colmaron de hartazgo al delegado federativo en la Isla, Antoni Sánchez (cuya dimisión de su cargo a final de curso se mantiene como una opción real), quien remitió un escrito a los clubes, reprochando actitud y formas, así como el inexistente cambio reclamado en relación a las mismas.

El escrito de Sánchez, asimismo, refería a la dimisión de Olives y Pons, que considera no hace sino incrementar la problemática en torno al asunto arbitral (no en vano, desde el propio colectivo menorquín de jueces se arguye que uno de los inconvenientes es la ausencia de suficientes efectivos para asumir el elevado volumen de partidos que semanalmente concentra el escenario insular) y por elevación, de todo el baloncesto local.

Setenta y dos horas después de dar luz a la queja formal de Sánchez ante los clubes, Es Diari consigue que uno de los protagonistas, el dimitido Chema Pons, se manifieste, con el valor añadido de que se trata del primer colegiado que lo hace públicamente desde que se anunció y consumó la huelga. «Sí, es cierto, he renunciado, no pitaré más partidos esta temporada; y en el futuro, veremos», indica Pons.

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