Paco Franco simula un mate en uno de los aros de Sínia Costabella, pabellón cuya construcción destaca como la ‘obra magna’ de su ciclo presidencial | Gemma Andreu

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Las fiestas navideñas son sinónimo de ilusión, la misma que de siempre proyectó la factoría por excelencia del baloncesto menorquín y una de las más prolíficas del contexto balear, el CD Alcázar, entidad para la que además 2019 que ahora agoniza se postergará como el año que recogió la conmemoración de sus primeros 75 años de existencia, prolongado periodo en el que ha sido densa la cifra de personas que han desfilado y defendido la ‘causa roja’ –verdiblanca en los albores del club–, como el caso de su actual presidente, Paco Franco Jacobo.

No en vano, al alcance de tan significativa efemérides, a esas bodas de platino en clave alcazareña, le ha sido paralela la consecución de los primeros treinta años en el club para su actual dirigente, que incursionó en verano de 1989 en la entidad entonces alojada en pleno corazón de Es Freginal para asumir la dirección del primer equipo infantil –de la generación del 76, al que coronó campeón insular.

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