El trofeo lo recogió Ricky como capitán del equipo de Es Castell | Javier Coll

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La vitola de favorito le acompañaba en la previa, aunque es cierto que a partido único puede pasar cualquier cosa. Pero no sucedió. El Atlético Villacarlos impuso su poderío físico, su experiencia y pegada para vencer con justicia en la final al Sporting de Mahón que esbozó buenas maneras y que aguantó hasta que Quicus abrió el encuentro. A partir de ahí, los amarillos fueron un ciclón, encontraron el camino hacia el portal de un gran Marc al que solo pudo batir un compañero en una acción desafortunada. Los mahoneses tuvieron la opción de meterse en la final pero erraron en el último pase en un par de jugadas y la Copa voló a Es Castell. Una vencedor justo para una final en la que imperó la deportividad dentro y fuera del terreno de juego.


Igualdad

El arranque estuvo parejo. Los finalistas trazaron dibujos parecidos sobre el césped. Ricky y Eloy como hombres más avanzados por bando a los que sus compañeros buscaron en el juego directo sabedores de su peligrosidad en el uno contra uno. La lógica igualdad fue desapareciendo con el paso de los minutos, el físico del equipo de José Luis Bahamonde le permitía ganar las segundas jugadas y cercenar el intento sportinguista de trenzar su juego en corto, de apoyos. El Villacarlos comenzó a manejar el partido pero el buen trabajo de la cobertura del cuadro de Andrés Egea hizo estéril su domino. A poco para el descanso, un zapatazo seco de Ricky desde la frontal lo desvió abajo Marc en una gran intervención.


Cambio

En el inicio de la segunda mitad, la escuadra de Es Castell salió a por la final. Martí y Raúl abrieron las hostilidades sobre la meta rival, pero el Sporting, por mediación de Eloy también se acercó con peligrosidad. La final se abrió con el remate de Quicus desde el interior del área que desató al Villacarlos. Fueron unos minutos intensos donde Marc estuvo providencial en el mano a mano con Raúl. Eloy tuvo el 1-1 pero su cabezazo, con Eric adelantado, se perdió fuera. Luego llegó la sentencia en una acción por banda de Raúl cuyo centro al corazón del área golpeó en Dávila para alojarse en la red. El Sporting no claudicó, peleó hasta el final, pero la Copa ya era del Villacarlos.