Georgia exhibe coordinación y plasticidad durante su entrenamiento | Javier Coll

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Su vida es un tratado de como combinar elasticidad, plasticidad y precisión, rutina en la que reitera casi a diario con insobornable pasión para una constante búsqueda de la perfección. Se trata de Georgia Warren (Londres, 1998), gimnasta, británica de nacimiento y pasaporte, pero en clave deportiva, una menorquina en toda regla. La joya del Pasqual Calbó.

Llegó a la Roqueta siendo un bebé, con apenas tres años. Ahora, recién celebrados los 16, ya se ha postergado para la historia de nuestra Isla, en tanto que en un par de días (del 24 al 27 de abril), esta muñeca del siglo XXI disputa en Guadalajara la Copa de la Reina de Gimnasia Rítmica –máxima competición absoluta de ámbito nacional–, con lo que igualará a Bet Salom, hasta ahora nuestra única exponente en tan selecta cita –lo hizo en 2005; fue posterior olímpica en Pekín '2008–. Un desafío para Georgia. Y una excelente oportunidad también en el mejor escaparate posible, dadas las limitaciones de proyección que sufre la gimnasia rítmica en la Isla (paradójicamente, uno de los deportes que mayor número de licencias contabiliza).

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