El sistema hidráulico, único en Balears, conecta dos depósitos de agua. | Entre Illes/Cime

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Entre los cientos de yacimientos arqueológicos de Menorca, hay uno que destaca por su singularidad. Está situado en un promontorio junto a la costa y es el único de Balears que tiene una estructura hidráulica compuesta por dos cisternas, construida en la Edad de Bronce (hace casi 3.600 años), que sigue funcionando como el primer día. «A nivel técnico es una obra de ingeniería bastante compleja», destaca el arqueólogo Damià Ramis, uno de los codirectores de la excavación que desde hace catorce años se está realizando en el Coll de Cala Morell. Una actuación que forma parte del proyecto de estudio de asentamientos costeros, Entre Illes, que incluye también el yacimiento de Sa Ferradura, en Mallorca.

La intervención que acaba de terminar en Menorca, impulsada por Asociación Amigos del Museo de Historia de Manacor y el Museu de Can Saura, finaliza un plan quinquenal que se ha podido desarrollar gracias a la ayuda del Consell insular y el Ayuntamiento de Ciutadella. Los trabajos han concluido el vaciado de una segunda cisterna (sur). Las tareas han consistido en la excavación de la roca natural, dejando un recorte con forma de cilindro elíptico. La profundidad de la cisterna es variable, llegando a más de 3 metros en el extremo meridional y se estima que tiene una capacidad 8 metros cúbicos.

A nivel de hallazgos, la campaña no ha sido muy productiva. Sin embargo, ha servido para constatar que el sistema de almacenamiento de agua sigue funcionando. De hecho, antes de iniciar las tareas hubo que vaciar el depósito. No obstante, avanza Ramis, se puede extraer algunas conclusiones interesantes. Todo el recorte interior se encuentra recubierto por un muro de aparejo isódomo, «una técnica constructiva muy poco frecuente en la Edad de Bronce en Menorca», comenta. Este muro combina sillares de tres formaciones geológicas diferentes: dolomías jurásicas del propio sustrato del promontorio, pero también calizas miocénicas y calcarenitas cuaternarias traídas de fuera del recinto, explica Ramis.

Imagen cenital de la excavación realizada en la segunda balsa.

«Hay una concepción bastante compleja del trabajo, también en la selección de la materia prima y los desplazamientos para conseguirla», añade. Si bien existía la creencia de que los trabajos en la época prehistórica se realizaban en piedra en seco, en el Coll de Cala Morell se ha documentado la utilización de arcillas para ligar los elementos. El fondo de la balsa también estaba formado por una capa de ese material, en este caso depositado sobre un enlosado de factura muy cuidadosa.

El equipo está pendiente ahora de realizar la memoria del plan quinquenal que ha concluido y la planificación del siguiente, que básicamente consistirá en labores para consolidar una de las paredes de la balsa sur, que ha cedido como consecuencia del paso del tiempo, y en la excavación de un nuevo conjunto de navetas, el que se encuentra en la zona central, más alejado de las murallas de protección.