TW
0

12 de enero de 2010, 16.53, hora local. Un sismo con epicentro a 15 kilómetros de la capital de Haití, Puerto Príncipe, devasta y asola el país más pobre de América Latina. Este desastre tectónico se salda con 220.000 muertos, unos 250.000 heridos y 1,2 millones de habitantes sin techo. La catástrofe natural provoca rápidamente la reacción de los cooperantes con 150 organizaciones desplazadas hasta la zona. También supone la salida masiva de los medios de comunicación convirtiendo el aeropuerto "en un circo lleno de antenas y parabólicas".

El terremoto ha sido noticia durante días. De repente, el sábado 27 de febrero Chile se convierte en la próxima víctima de las catástrofes naturales. Desgraciadamente Haití ya ha pasado a la historia uniéndose a los cientos de conflictos olvidados en el mundo. "Es una lástima que hayas vivido una realidad durísima y que, a pesar de ello, parece casi como si no haya existido, como si no haya pasado nada cuando aún queda mucho por hacer". Así se manifiesta Milagros Esbert (Alaior, 1956), una enfermera que ha estado trabajando en Haití durante un mes para ofrecer sus conocimientos sanitarios a quienes más lo necesitaban. Asegura que su experiencia personal no es lo que importa sino el hecho de poder ser el testimonio de la emergencia diaria que se vive en la zona.

Esta enfermera del Hospital Mateu Orfila tiene una larga experiencia en cooperación internacional. Después de viajar un par de veces a Nicaragua descubrió que podía dedicar parte de su vida laboral a ayudar a los más necesitados. De ahí que en 1991 empezara a cooperar con Médicos sin Fronteras siempre trabajando, de forma profesional, en proyectos de emergencia ya sean epidemias de cólera, catástrofes naturales, desplazados por guerras o emergencias nutricionales, entre otras situaciones. A través de esta organización ha estado trabajando en zonas como Kenia, Somalia, Tanzania, El Congo, Guinea Bissau, Nigeria, República Centro Africana y Zambia, con los desplazados a Croacia durante la guerra de Bosnia y en El Salvador, en el segundo terremoto que vivió la zona, entre otros puntos. Aunque la media de sus estancias es de unos tres meses, Bolivia ha sido la zona donde más tiempo ha estado prolongando su trabajo, hasta un año.

El seísmo haitiano ocurrió día 12 y Milagros Esbert iniciaba su viaje hacia el lugar de la desgracia tan sólo dos días después. Asegura que todo fue tan rápido que "ni tan sólo tuve tiempo de ver las imágenes que proyectaban los medios de comunicación". Con tan sólo pisar la zona ya comprobó la magnitud de la catástrofe teniendo en cuenta que Haití es un país pobre y con importantes deficiencias sanitarias. La misma noche de su llegada Esbert ya empezó a trabajar, junto a un cirujano, en uno de los hospitales de Médicos Sin Fronteras aunque durante sus cerca de 30 días estuvo trabajando en clínicas móviles pasando consulta y haciendo curas. Apunta que los hospitales que aún eran servibles estaban masificados, "había gente por todos los rincones y lo más triste era que después de una operación, los enfermos que podían volver a casa debían quedarse en medio de la calle porque estaban sin techo". Con el fin de descongestionar los hospitales con quirófanos, se abrieron dos hospitales, con tiendas, donde los pacientes podían recibir la atención postoperatoria necesaria. Esbert también asegura que la situación era tan dramática que "debíamos buscar dónde focalizar nuestro trabajo puesto que había heridos que aún no habían sido revisados, nosotros los visitábamos y si necesitaban un cuidado hospitalario activábamos el dispositivo para su traslado". Y añade que "era increíble el número de operaciones que se llevaban a cabo diariamente y el número de amputaciones que ha sido necesario realizar. Todo el conjunto fue desolador".
La enfermera no duda en asegurar que impactaban enormemente "aquellas infraestructuras desplomadas, ya fueran casas, supermercados, hospitales, la universidad" además de los miles de desplazados situados en cualquier rincón de la ciudad. "En una plaza podía haber más de 3.000 personas".

Asimismo indica que "aún hay mucho trabajo por hacer". Comienzan las lluvias y los desplazados viven en la calle. Hay pendiente muchísima labor de reconstrucción así como reemprender la sanidad en atención primaria. A su vez añade que "el hacinamiento puede propiciar epidemias de sarampión que deberán de ser tratadas y controladas rápidamente".

Milagros Esbert indica que con este mes de trabajo "he podido caminar al ritmo que avanzaba la población. Me sorprendí cuando casi al final de mi estancia comprobé que de las tiendas de música salían melodías lo que indicaba que la población se estaba recuperando".

Esbert no tomó ni una sola fotografía del lugar aunque asegura que "nunca se me borrará de la retina lo que viví".