BAÑO. Aún estamos en primavera y el agua del mar tardará en calentarse algunas semanas más - Javier

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La temporada estival ha arrancado, los turistas comienzan a llegar y las playas a llenarse, pero el comentario generalizado de los usuarios es que el agua del mar está más fría de lo habitual por estas fechas. Muchos achacan esta sensación térmica al duro y largo invierno que acabamos de superar, pero la realidad es bien distinta según los expertos consultados. El director del Centro Meteorológico de Balears, Agustí Jansà, señala que la temperatura del agua del Mediterráneo es actualmente entre uno y dos grados más alta de lo normal debido a los efectos del cambio climático. Es decir, lo habitual serían 18 grados y la actual se sitúa entre los 19 y 20 grados.

Jansà aclara que esta sensación subjetiva de frío experimentada por algunos bañistas se debe en realidad a que en esta época del año el aire está más caliente que la temperatura del agua y aunque notemos que es tiempo de darse un chapuzón, debemos tener en cuenta que aún estamos en primavera y que el mar tardará en calentarse unas semanas más. De hecho, el meteorólogo resalta que en los últimos días la temperatura registrada en el Aeropuerto de Menorca está por encima de lo habitual, es unos cuatro grados superior al promedio que marcan los registros de los últimos 30 años y, por tanto, el contraste térmico respecto al agua del mar es superior. En el mismo sentido se expresa el biólogo y coordinador en Menorca del Grupo Ornitológico de Balears, Cristòfol Mascaró, quien subraya que la sensación que experimentan los bañistas no es más que un cambio térmico, del excesivo calor ambiental al de un mar que, aunque más caliente de lo habitual por el cambio climático, aún no ha alcanzado la temperatura acostumbrada para el chapuzón veraniego. Curiosamente además, según explica el director del Centro Meteorológico de Balears, es en los meses de mayo y junio en los que estadísticamente mejor se observan las alteraciones que está experimentando la temperatura del Mediterráneo debido al cambio climático. En realidad, advierte, el agua debería estar más fría de lo que está actualmente.

"El primavera se ha acortado y el verano se ha alargado, incluso en septiembre el agua sigue caliente", comenta Agustí Jansà.

El hecho de que el Mediterráneo esté cada vez más caliente e incluso más salado tiene repercusiones en el hábitat marino, según relata el coordinador del GOB en Menorca. El mar comienza a ser colonizado por peces y algas procedentes de aguas más cálidas. Además, las praderas de posidonia, endémicas del Mediterráneo, comienzan a experimentar una pequeña regresión a no poder adaptarse a unas temperaturas superiores. Estos ecosistemas marinos, equivalentes a los bosques en el medio terrestre, aportan grandes cantidades de oxígeno y materia orgánica al mar y además son una fuente de biodiversidad y mantienen la calidad de las aguas y la estabilidad del litoral. La merma de posidonia tendría consecuencias graves para el Mediterráneo.

El calentamiento del mar también favorece la reproducción de las medusas, aunque su proliferación en los últimos años se debe en mayor parte a la desaparición de sus depredadores naturales como el atún o las tortugas causada por la sobrepesca, según incide el biólogo Cristòfol Mascaró.