Sede. Algunos trabajadores "desean" que cierre la empresa para poder cobrar algo después de meses - Gemma Andreu

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Los trabajadores de Juan Valera S.A., la fábrica que en su día fue el mayor exponente de la bisutería menorquina, dan a la empresa una esperanza de vida de un mes, a no ser que se encuentre un cliente importante que sirva para reflotar el negocio. Algo, por otro lado, muy improbable, según cuentan ellos por la sensación de desamparo que reina en las instalaciones, ya que el administrador y representante legal de la empresa, Josep Refusta, lleva desde mediados de noviembre sin aparecer por allí.

En estos momentos, la situación de la empresa no puede ser peor. Únicamente seis de los 24 trabajadores con los que cuenta (la sociedad ya despidió en verano de 2010 a 31 de sus 60 obreros mediante un Expediente de Regulación de Empleo) están actualmente trabajando, los 18 restantes están en el paro por su condición de fijos discontinuos.

Además, por si fuera poco, los seis trabajadores que siguen en la fábrica sólo están haciendo muestras, ya que no hay pedidos por servir. Y es que según explica uno de los miembros del comité de empresa, Jesús Ortega, en cartera "no queda ni un solo cliente" al que vender la producción.

Atrasos en las nóminas

La falta de clientes viene acompañada por la falta de liquidez, a juzgar por las nóminas que debe la empresa a sus trabajadores. En estos momentos, Juan Valera S.A. adeuda las pagas correspondientes a octubre, noviembre y diciembre a la mayoría de los empleados, mientras que a otros les adeuda las de noviembre y diciembre. Hay incluso el caso de un asalariado al que, a modo de represalia por haber denunciado a la empresa en los juzgados por los continuos retrasos en los pagos de las nóminas, le dejaron de pagar el pasado mes de junio, siempre según el comité.

Algunos trabajadores contactados por este diario manifestaron sus peores augurios. "Esto tiene muy mala pinta, no vemos la salida a esta situación, los milagros ya no existen". Además, tal es la desesperación ante los impagos, que incluso aseguran que "deseo que la empresa cierre, al menos podremos cobrar la indemnización, al menos quiero cobrar eso después de más de veinte años trabajando aquí".

De Refusta, algunos trabajadores opinan que es un "encantador de serpientes" que se presentó como la salvación del negocio pero que ha acabado siendo su verdugo.

Durante los últimos meses han sido varios los empleados que, forzados por la insostenible situación, han decidido denunciar los impagos. Y en todos los casos se ha repetido la misma tónica: Josep Refusta no se presentó a la citación. Además, este mismo miércoles, el comité de empresa presentó varias denuncias ante Inspección de Trabajo por deficiencias en temas de prevención de riesgos laborales relacionados con la maquinaria que se utiliza, y por haber tenido trabajando a empleados sin haberlos dado de alta.

Las mismas fuentes consultadas también denuncian que el administrador trasladara las oficinas de su inmobiliaria a las instalaciones de la fábrica en el polígono de Ciutadella, y que haya abierto un local comercial de venta de bisutería en el Camí de Maó, sin disponer de la correspondiente licencia de apertura y, ni tan siquiera, tener ni contador ni corriente eléctrica. "Por eso la tienda sólo abre por las mañanas, porque hay luz de día, por las tardes no pueden ni abrir", explican.

Última esperanza

Desde el comité de empresa admiten que ya "sólo nos queda esperar que el gerente aparezca por la fábrica, aunque sea la semana que viene, porque el tema no puede continuar así, es insostenible, llegan recibos de los bancos y hay que solucionarlo", concluyen.