Mir Morlá. Continúa moldeando formas contundentes y voluminosas - Gemma Andreu

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Hace apenas un año ya advirtió a este diario que proseguiría incansable su proceso de investigación artística. José Mir Morlá persigue hoy entusiasta la experimentación creativa. Tras su grata experiencia de exponer en la ONU, el conocido anticuario de Portal de Mar presenta una nueva colección que permanecerá abierta al público durante todo el mes de agosto. Cabe subrayar la energía de su entrega al arte. Un fervor por descubrir y ensayar la conexión entre diferentes materiales que es, en sí mismo, la clave de los resultados con los que convence a crítico y espectador.

La primera planta del local de antigüedades, en pleno centro de Maó, acoge una rica muestra de pinturas y esculturas. Al respecto, su autor no desdeña -de nuevo- en servirse de la geometría. No reniega de su influencia "picassiana", pero Mir Morlá ha conseguido en poco tiempo (dada su reciente reaparición en la escena artística, concretamente en 2009, fecha en la que se retira y puede retomar sus inquietudes por la expresión plástica y escultórica) labrarse un camino propio. Un estilo personal con el que traza desde la inspiración cubista -la que mece, dice, su dibujo- una serie de piezas que como novedad también se ha lanzado a construir en hierro.

Una curiosidad innata lo empuja a probar nuevos conceptos. La figura humana continúa siendo su eje principal y la terracota una de sus predilecciones. Sin dejar de lado el bronce, que también le satisface.

Un artista joven

El pintor y escultor hace un guiño a los clásicos, se los lleva a su terreno, los explora y los relanza bajo una óptica marcada por el esbozo dinámico. "Soy un artista novel, porqué aun soy muy joven en esto", comenta sin complejos. No esconde su ambición, "quiero llegar a ser muy bueno", añade.

De sus comienzos, de la mano de Vives Llull (Escuela Pollensina), guarda la pasión con la que moldea con constancia las formas contundentes y voluminosas que -señala- le seducen. Su universo es muy diverso. También en pintura, donde tras una fase ya cerrada en metacrilato, ha comenzado a analizar los efectos de erigir en relieve.

Mir Morlá se arriesga. No se acomoda en la fórmula que funciona. Siempre va más allá, es de suponer que por su carácter vital y quizá con la idea de querer recuperar un tiempo que, por estar enfrascado durante años en el mundo de las antigüedades y la restauración, le impidió dar rienda suelta a una técnica manifiesta que parecía estar ahí aguardándole. En esta, su segunda licencia concedida al arte, el estudio de Mir Morlá no da cabida a la inactividad. Busca la pluralidad y, como tal, así la proyecta a un público que reconoce su talento.