Tranquilas. Una de las hembras de macaco cangrejero sentada al sol. El espacio exterior está rodeado y protegido por una red especial - LL.M./F.S.

TW
0

Cuando abandonaron las jaulas del laboratorio y pudieron al fin salir al aire libre Gemuk fue la primera en aventurarse en ese nuevo espacio exterior, y hasta que ella no lo hizo sus compañeras no se atrevieron a dar el paso. Ella es la líder del grupo de dieciocho hembras de macaco cangrejero que llegaron desde Holanda al parque Lloc de Menorca, después de un proceso de colaboración con la Fundación AAP, entidad dedicada desde hace 40 años al rescate de primates y otros animales de difícil reubicación, así como a la búsqueda de un hogar para ellos.

Gemuk es pequeña y flaca, con el ceño fruncido y una cresta de pelo negro en su cabeza; es dominante pero no agresiva, porque no lo necesita. Sus compañeras la respetan y ahora todas viven bajo una cúpula especial construida en las instalaciones de Alaior, con vegetación y un pequeño riachuelo en el que, tranquilas, mordisquean ramas o se tumban al sol, en pequeños grupos, mientras se desparasitan unas a otras. Eso sí, a la hora de la comida ésta se esparce en las dependencias interiores, cerradas y aseguradas con distintos mecanismos, para que toda las monas puedan comer, o de lo contrario las más fuertes se quedarían con todo el menú, que consta de verdura, fruta, frutos secos, huevo duro y pienso.

Todos estos detalles han sido transmitidos, a través de un extenso dossier de AAP y una cuidadora que viajó en persona con los animales hasta Menorca, a los nuevos encargados de Gemuk y su grupo.

Filosofía del centro

La colaboración entre AAP y la empresa familiar Lloc de Menorca está documentada y con el visto bueno de las autoridades sanitarias europeas, aseguró Lluís Mir, responsable del parque, quien abrió las puertas del mismo a 'Es Diari' y explicó la filosofía de esta adopción.

"Estamos muy contentos de haber hecho esta obra, de poder ayudar a su reubicación y de contribuir a que se evite el tráfico de animales, este es el camino que queremos seguir, y en el futuro, poder llegar a convertirnos también en un centro de rescate", afirmó.
Las hembras de macaco fueron recuperadas de un laboratorio que paró los experimentos. De hecho, esta es la condición básica e imprescindible que AAP pone para hacerse cargo de animales como los primates, todos ellos incluidos en el listado CITE, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, cuyo objetivo es que dicho comercio no suponga un peligro para la supervivencia de las especies.

"No vale con que, por ejemplo, un circo quiera desprenderse de un animal y darlo a la Fundación para reponerlo por otro", explica Mir, "lo que AAP persigue es que dejen de utilizar los animales con un ánimo de lucro".

No solo el rescate de la organización holandesa –con sede también en España-, se produce en laboratorios, sino también en circos, en parques, zoos o colecciones particulares donde los animales no reciben los cuidados que necesitan.

En el caso de las hembras de macaco llegadas a Menorca, éstas no fueron sometidas a experimentación invasiva, es decir, en el laboratorio no les fueron inoculados virus o enfermedades. Eso no significa que el sufrimiento haya sido menor; las organizaciones que luchan para acabar con este tipo de experimentos y sustituirlos por alta tecnología enumeran un largo listado de pruebas, que califican de torturas avaladas por la ciencia y sobre las que existe un alto grado de confidencialidad. "No sé qué laboratorio es, eso es algo que la Fundación no puede difundir, ni tampoco exactamente sobre qué investigaban ni quiero saberlo", recalca Mir, "creo que la tecnología avanza y no es necesario experimentar con primates, también hay que ser conscientes del tráfico que existe con los animales, e intentar adoptar, no comprar"

Fue esta orientación de la empresa la que convenció a los representantes de AAP que visitaron el Lloc de Menorca mientras buscaban espacios idóneos para sus monos en Balears. "Vinieron, recorrieron el parque, nos hicieron muchas preguntas sobre nuestra filosofía, nuestra actividad y nos ofrecieron la posibilidad de acoger a este grupo", señala Lluís Mir. Para ello hubo que realizar una obra costosa de infraestructura, que garantiza el bienestar de los macacos y la seguridad del recinto, que consta de 255 metros cuadrados exteriores y 60 metros en el interior.

Un proyecto que se financió entre la empresa menorquina y la propia Fundación, que cuenta con más de 70.000 socios y apoyo de las instituciones holandesas. AAP actúa como intermediario y, una vez reubicados los animales, continúa con su labor de rescatar a otros. La tarea es ingente, "existe mucho tráfico de animales", corrobora Mir.